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Resumen
- 01/06/2007 22:37 - La Catalina. (Romance popular).
- 07/06/2007 13:06 - En el nombre de la madre. Erri de Luca.
- 07/06/2007 20:27 - Como agua de Mayo.
- 08/06/2007 12:54 - La maza. Silvio Rodriguez.
- 12/06/2007 20:04 - Los farsantes.
- 16/06/2007 22:46 - Scarborough Fair/Canticle. Paul Simon&Art Garfunkel, 1966.
- 23/06/2007 23:49 - Capítulo VI.
- 24/06/2007 12:52 - El trapicheo polaco.
- 25/06/2007 15:26 - El motín. José Ramón García Flórez.
La Catalina. (Romance popular).

http://www.lenguaweb.net/lite/lite1.htm
Estaba la Catalina,
sentadita en su balcón.
Pasó por allí un soldado
de buena o mala intención.
"Buenas tardes, Catalina,
con usted durmiera yo".
"Suba, suba el caballero,
dormirá una noche o dos".
"¿Y si su marido viene,
y nos pilla de traición?"
"Mi marido no está en casa,
que mi marido partió".
"Mi marido ha ido a cazar,
a los montes de Aragón
y ahora, para que no vuelva,
le echaré esta maldición:"
"Cuervos le saquen los ojos,
águilas el corazón,
los perros de mi ganado
le traigan en procesión".
Apenas esto hubo dicho,
él a la puerta picó:
"Ábreme la puerta luna,
ábreme la puerta sol".
"Que te traigo un conejito
de los montes de Aragón".
Bajaba por la escalera
mudadita la color.
"Tu estás turbada del vino
¿o es que tienes nuevo amor?".
"Ni estoy turbada del vino,
ni yo tengo nuevo amor".
"Que reñí con los criados
con mucha de la razón,
pues me perdieron las llaves
del más alto corredor".
"Si las perdieron de plata,
de oro te las haré yo,
que tengo un hermano en Francia
que las haría mejor".
"¿De quién es aquél sombrero
que en mi percha se colgó?".
"Tuyo es, marido mío,
que mi padre te lo dió".
"Dios se lo pague a tu padre,
sombreros tenía yo,
y cuándo no los tenía
él no me los daba, no".
"¿De quién es aquella capa
que en mi percha se colgó?".
"Tuya es, marido mío,
que mi padre te la dió".
"Dios se lo pague a tu padre,
que capas tenía yo,
y cuándo no las tenía
él no me las daba, no".
"¿De quién es aquel caballo
que en mis cuadras relinchó?".
"Tuyo es, marido mío,
que mi padre te lo dió".
"Dios se lo pague a tu padre,
caballos tenía yo,
y cuándo no los tenía
él no me los daba, no".
"¿Y qué es lo que hace un momento
en mi cama resonó?".
"Es mi hermano, el pequeñín,
que conmigo se acostó".
"Y que ha venido a llamarme
a las bodas del mayor".
"¡Mientes, mientes, Catalina,
de las bodas vengo yo!".
"¡Mátame, marido mío,
la culpa la tuve yo!".
"¿Matar?, no te mataría.
¿Matar?, ¡que te mate Dios!".
"Pero que tu padre tenga
noticia de tu traición".
La cogía de la mano
y a su padre la llevó.
"Tenga, padre, a esta su hija.
La muy puta me engañó.
Si la tié mal enseñada,
enséñela usted mejor".
En el nombre de la madre. Erri de Luca.

http://www.siruela.com/catalogo/catalogo.php3?ficha=1049&site=col
Acabo de leer un libro que ha lanzado la editorial Siruela hace muy poco en una cuidada edición y me ha gustado mucho.
Sin embargo, tengo que decir que observo en él varias contraindicaciones que, a continuación, señalo: a los coleccionistas de la "literatura al peso" les frustrará, a los aficionados a los "best-sellers" les aburrirá, a los fanáticos religiosos (judíos y cristianos) les enfurecerá, a los fanáticos laicos les decepcionará, a los diletantes les horrorizará, a los pedantes les sorprenderá, a los superficiales les espantará, a los profundos les repelerá ... y así sucesivamente.
Es una obra brevísima que, a pesar de estar clasificada como narrativa, yo considero un poema en prosa.
Os lo recomiendo, pero os advierto que no tiene por qué gustaros y os recuerdo que no me toméis al pie de la letra, porque puede, perfectamente, no gustaros y no por ello pertenecer a cualquiera de los tipos arriba indicados.
Ah, otra cosa, si andáis mal de "dineuros", podéis sacarlo prestado de una biblioteca pública.
Y ... ya me contaréis.
Javier Auserd.
Como agua de Mayo.

http://www.astroseti.org/imprime.php?codigo=299
Le había dado por acosarnos con su interminable cantinela de desgracias figuradas y, cada vez que nos cogía por banda, nos contaba lo mal que le iba, aunque todo el mundo supiera que estaba podrido de dinero y que era un viejo avaro, tacaño y aburrido, que remendaba él mismo sus zapatos y su ropa para no tener que comprar otros nuevos. Ya no sabíamos cómo evitarle ni cómo quitárnosle de en medio una vez producido el encuentro y a sus vecinos y conocidos les pasaba lo mismo; se notaba por los grandes rodeos que dábamos todos para no pasar por delante de la puerta de su tienda donde salía a grandes zancadas levantando los brazos y dando muchas voces, como un loco, para abordarnos cuando nos echaba la vista encima. Ana era la que más caso le hacía porque le daba pena y a mí me ponía de los nervios ver cómo derrochaba sin sentido, sin objeto y sin pudor el tiempo ajeno que los demás teníamos que tratar de recuperar luego.
-¡Pobrecillo! – decía Ana.
-¿Pobrecillo? ¡Si está forrado! – respondía yo.
-Está muy solo y se aburre – apostillaba.
-¡Pues que se compre un mono y que nos deje en paz! – insistía yo, inmisericorde.
Era tan pesado, que te cortaba la retirada y se inventaba dolencias y desgracias para atraer, como fuera, tu atención y mantenerte en vilo, en ascuas, pendiente de sus exageraciones y de los desaforados aspavientos con los que acompañaba las inacabables peroratas de sus catastróficos relatos de terror. No era un pesado más, de los muchos que tenemos que soportar todos los días: era el príncipe de todos ellos, una verdadera pesadilla viviente.
Aquella mañana de un mayo atípico, fresco y lluvioso, habíamos estado en el despacho de Raquel y tomando luego un café con ella en el bar del Casino. No llovía cuando salimos de casa, aunque estaba nublado, de modo que no cogimos paraguas ni gorros ni capuchas, ni nada, sin embargo al despedirnos, caía a cántaros. Ella volvió a su cercano despacho y nosotros esperamos en la puerta del Casino a que escampara, pero no lo hacía. De modo que, arriesgándonos, cruzamos la calle y apretamos el paso atravesando por detrás de San Pedro hacia los soportales del Grande. Nos gusta la lluvia y no nos importa mojarnos, es decir, somos dos bichos raros, pero lo que nos cayó encima esa mañana en poco tiempo no está puesto, aún, en los papeles. Cuando llegamos, empapados, bajo techo, tomamos aliento y nos dedicamos a sacudirnos el agua, como los perros, durante un buen rato. Esperamos otro poco a que lo dejara y, como se nos hacía tarde, volvimos a internarnos en la cortina de agua tropical que rebosaba la atascada y mal conservada red de alcantarillado y anegaba las mal preparadas calles.
Con la aventura del diluvio, se nos olvidó dar el preceptivo rodeo y pasamos por delante de su tienda. Al momento, como si tuviera un detector invisible o alguna cámara estratégicamente situada, se plantó allí dándonos voces para llamar nuestra atención. Mas, al ver que llovía, se quedó petrificado en la puerta sin dar un paso más hacia la calle.
-¡¿Qué te pasa, Mariano?! – le grité.
-No. Es que … no me gusta la lluvia. Entrad, entrad vosotros.
-No, Mariano, no, que llevamos mucha prisa – me apresuré a decirle – Sal tú hasta la esquina – añadí.
-¡Por nada del mundo! ¡Maldita lluvia! ¡Que si me mojo, encojo! – y diciendo esto, retrocedió espantado al interior de su establecimiento haciéndose repetidas veces la señal de la cruz sobre el pecho como si la lluvia fuera el mismísimo Satanás.
Llegamos calados hasta los huesos a casa, pero sin parar de reír.
-Ya podía llover todos los días … sobre todo a la puerta de su tienda.
Aquél chaparrón intempestivo y furioso de primavera nos había venido como agua de Mayo.
Javier Auserd.
La maza. Silvio Rodriguez.
http://www.youtube.com/watch?v=7mA7uyivl6E
Si no creyera en la locura
de la garganta del sinsonte
si no creyera que en el monte
se esconde el trino y la pavura.
Si no creyera en la balanza,
en la razón del equilibrio
si no creyera en el delirio,
si no creyera en la esperanza.
Si no creyera en lo que agencio,
si no creyera en el camino
si no creyera en el sonido,
si no creyera en mi silencio.
Qué cosa fuera,
qué cosa fuera la maza sin cantera:
un amasijo hecho de cuerdas y tendones,
un revoltijo de carne con madera
un instrumento sin mejores resplandores
que lucecitas montadas para escena.
Qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera,
qué cosa fuera la maza sin cantera:
un testaferro del traidor de los aplausos,
un servidor de pasado en copa nueva,
un eternizador de dioses del ocaso,
júbilo hervido con trapo y lentejuela.
Qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera,
qué cosa fuera la maza sin cantera.
Si no creyera en lo más duro,
si no creyera en el deseo
si no creyera en lo que creo,
si no creyera en algo puro.
Si no creyera en cada herida,
si no creyera en la que ronde
si no creyera en lo que esconde
hacerse hermano de la vida.
Si no creyera en quien me escucha,
si no creyera en lo que duele
si no creyera en lo que quede,
si no creyera en lo que lucha.
Qué cosa fuera,
qué cosa fuera la maza sin cantera:
un amasijo hecho de cuerdas y tendones,
un revoltijo de carne con madera,
un instrumento sin mejores resplandores
que lucecitas montadas para escena.
Qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera,
qué cosa fuera la maza sin cantera:
un testaferro del traidor de los aplausos,
un servidor de pasado en copa nueva,
un eternizador de dioses del ocaso,
júbilo hervido con trapo y lentejuela.
Qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera,
qué cosa fuera la maza sin cantera ...
Los farsantes.

http://www.ronda.ws/agenda_cultural/
Pocas cosas me encantan tanto como cuando los farsantes se desenmascaran a sí mismos sin querer y sin darse cuenta, pero de forma clara y contundente, a la vista de todos.
Los períodos postelectorales son especialmente propensos a estos desnudos tan deplorables y poco estéticos que, por mucho que te hayan fastidiado antes, no dejan de darte pena: una magnífica y compungida misericordia, sobre todo cuando te das cuenta de que ellos pretenden seguir la farsa como si no hubiera pasado nada.
Aunque es algo tan fugaz que apenas llega a conseguirlo, te reconcilia con la vida por un instante al menos. Un instante glorioso en el que algo de lo que tu sabías (y callabas por pudor, por discreción y por vergüenza ajena) de antemano sobre la falacia y la inmundicia moral del fantoche personaje en cuestión, se ve expuesta, de golpe, a la contemplación general y todo el mundo puede, entonces, ver parte (nunca se ve todo) de lo que tú y tus íntimos veíais sin poder terminároslo de creer.
¡Dios bendiga la democracia y los períodos electorales que permiten conocer mejor a estos desgraciados!
Es como asistir a un fin de fiesta esperpéntico y carnavalesco en el que, con sus propios gestos, cada comparsa se quita el disfraz elegido y se queda como es. Y algunos, como dicen en mi pueblo, se retratan, se quedan de culo: con el culo al aire.
Si no fuera por lo caro que resultaría, tendría que haber elecciones todos los años para hacer una buena ... "retrataura".
Javier Auserd.
Scarborough Fair/Canticle. Paul Simon&Art Garfunkel, 1966.
Are you going to Scarborough Fair?
Parsley, sage, rosemary and thyme.
Remember me to one who lives there.
She once was a true love of mine.
(A hill in the deep forest green)
Parsley, sage, rosemary and thyme;
(Tracing of sparrow on snow-crested brown)
Without no seams nor needle work,
(Blankets and bedclothes the child of the mountain)
Then she'll be a true love of mine.
(Sleeps unaware of the clarion call)
(On the side of a hill a sprinkling of leaves)
Parsley, sage, rosemary and thyme;
(Washes the grave with silvery tears)
Between the salt water and the sea strand,
(A soldier cleans and polishes a gun)
Then she'll be a true love of mine.
(War bellows blazing in scarlet battalions)
Parsley, sage, rosemary and thyme;
(Generals order their soldiers to kill)
And gather it all in a bunch of heather,
(And to fight for a cause they've long ago forgotten)
Then she'll be a true love of mine.
Parsley, sage, rosemary and thyme.
Remember me to one who lives there.
She once was a true love of mine.
Capítulo VI.

http://www.elangelcaido.org/creacion/019/019eljardin.html
Detalle de "El jardín de las delicias" de El Bosco ( 1453 - 1516 ).
Sin más contemplaciones, regreso a Cartago. Estoy harto de hacer el oso para un coronel tonto y una furcia loca con aires de gran dama sureña depravada. Estoy harto de las iguanas y de las plantaciones, de las cínicas matanzas, de las vírgenes suecas y los pobres nativos, de los tifones del trópico y de los acantilados, de la estúpida selvita sin refrescos de cola; harto de los mosquitos caníbales, las cabañas ardiendo, los rápidos del Mississippi y de los cafetales. Regreso a Cartago.
Me cisco en los papeles y en las fotonovelas, en las obras de arte y en los candelabros de la nobleza. Y de la burguesía. Y de los dirigentes del proletariado, también. Porque estoy tan hasta el gorro, que sólo quiero dormir y cobijarme al otro lado de la luna. Andar por los montes olorosos de piornos y tomillos a la luz protectora de la luna, al remanso acariciante de la luna, al amparo de la luna, al blanco, azulado, tierno, suave resplandor del beso de la luna. Y estar así: tenso y tranquilo, atento y relajado, envuelto en su mágico sosiego, reposo de aventuras, como en una película de riesgo y celofán, de calma y manzanilla. Y ver, sobre la elíptica extensión de las profundidades del océano, el sueño angelical con que premian los Amos de Todo a sus mansas, reptantes, criaturas.
Fragmento de "La mansión de manzanilla" de "Viaje al punto de partida". Javier Auserd.
El trapicheo polaco.

http://mangasverdes.es/2006/07/11/nepotismo-a-la-polaca/
El bochornoso espectáculo ofrecido por los hermanísimos polacos Kaczynski en la última cumbre europea me ha parecido deplorable. Pero más deplorable (aunque no sorprendente) me parece que a Rajoy le haya gustado y califique de "política" semejante montaje inmoral y esperpéntico.
Aquí en España, con la Ley en la mano, les habría tenido que detener la Guardia Civil, aunque fuera dentro de unos años.
Lo que no entiendo es cómo no han funcionado los mecanismos de expulsión de un país de la U.E. (si es que existen), al menos durante 3 o 4 años para que los dirigentes de ese país reflexionen y reciban cursillos de lo que es una verdadera negociación. Porque, desde luego, lo que nunca puede ser considerado como "negociación" es la cerrazón en un pasteleo descarado y grosero que da vergüenza ajena. Para eso que no estén en una Unión, que no estén en ninguna. Que estén solos y aislados y aparte.
Otro tema es el de Inglaterra. Ya se sabe que Inglaterra es una vieja anciana demenciada que hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere y si quiere. Pero eso se sabe desde el siglo IV a.C. Hay que dejarla a su aire que, de hecho, es como está: a su aire, como un Reino Libre Cercano a la Unión.
En fin, que así le va a una Europa débil, timorata, acojonada y blandita con las extorsiones de cualquier recién llegado. ¡Y Bush tan contento, oiga, que es de lo que se trata!
Javier Auserd.
El motín. José Ramón García Flórez.

www.bioxd.com/imagenes/piratas3_keyra.jpg
L.P. "Hay que seguir luchando".
Con un sordo capitán
y un piloto duermevelas
embarcamos en Xixón
noventa días de pesca.
Llevábamos dieciseis
y ninguna costa cerca.
Una tarde quiero ir
a recorrer los burdeles
del puerto pa repostar
tabaco, vino y mujeres.
El patrón no puede oir
y el piloto que no quiere.
Cogemos al capitán,
lo colgamos de una verga
y abándonamos el barco
en una isla desierta.
Después ahorcamos también
al cabrón del timonel.
A un: "¡Viva la libertad!"
saltamos todos a tierra.
Música, champan, caviar,
cigarros, ron y jalea,
hembras, vino y buen coñag,
hay que celebrar la gesta.
¿Dónde vamos a beber
si en la isla no hay tabernas?
¿Dónde vamos a buscar
burdeles, si está desierta?
Nos tendremos que encamar
con ratas de la bodega.
Cogemos al capitán,
lo colgamos de una verga
y abándonamos el barco
en una isla desierta.
Después ahorcamos también
al cabrón del timonel.







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