El lado más débil.
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Las catástrofes nos desbordan cuando se suceden con tanta rapidez y cantidad: terremotos como el último de Perú, huracanes, tifones, inundaciones, incendios, tsunamis ... son tragedias que nos dejan sin aliento, sin capacidad de estupor y sin saber qué hacer, salvo preocuparnos y poco más.
Sin embargo, se impone que los gobiernos de los países del mundo, incluidos los afectados, no pierdan la cabeza y sí sepan por dónde empezar. Parecería que, a estas alturas, todos los gobiernos tienen protocolos (como se dice ahora) de actuación ante situaciones de emergencia. Pero, para mí que no. Sigue sucediendo que los países más desarrollados, al tener más posibilidades económicas, dedican y tienen mejores equipos y medios para luchar contra esas catástrofes y sus efectos y son más rápidos y eficientes a la hora de intervenir, evitando víctimas y reduciendo los tiempos en que la población está desprotegida, aunque, como es lógico, tampoco lleguen, ni de lejos, a la perfección.
Por tanto, todo parece que nos devuelve a los problemas centrales de la humanidad: la pobreza, el hambre, la falta de medios materiales, la pésima distribución de la riqueza, que es donde se ceban las tragedias naturales y se rompen las cuerdas: por el lado más débil.
Tendremos que aprender a convivir con las catástrofes, pero no a resignarnos.
Javier Auserd.