07/05/2008

03/05/2008

Castilla, canto de esperanza. Nuevo Mester de Juglaría.

20080503135317-castilla.png

Mil quinientos veintiuno,
y en Abril para más señas,
en Villalar ajustician
a quienes justicia pidieran,
en Villalar ajustician
a quienes justicia pidieran.

Malditos todos aquellos
que firmaron la sentencia,
malditos todos aquellos
los que ajusticiar quisieran
al que luchó por el pueblo
y perdió tan justa guerra.

Desde entonces ya Castilla
no se ha vuelto a levantar,
en manos de rey bastardo
o de regente falaz,
siempre añorando una Junta
o esperando un capitán.

Quién sabe si las cigüeñas
han de volver por San Blas,
si las heladas de Marzo
los brotes se han de llevar,
si las llamas comuneras
otra vez crepitarán.
Cuanto más vieja la yesca
más fácil se prenderá.
Cuanto más vieja la yesca
y más duro el pedernal,
si los pinares ardieron
aún nos queda el encinar. (bis)

Poema: Luis López Álvarez (poeta berciano).
Adaptación de la letra: José Aldea.
Música sobre melodías tradicionales de Castilla arregladas por José Torregrosa.
L.P. "Los Comuneros", 1.976. Nuevo Mester de Juglaría.

http://www.nuevomesterdejuglaria.com/

Etiquetas: , , , ,

03/05/2008 13:53 Autor: lacuevadeldinosaurio. Enlace permanente. Tema: Música. Hay 6 comentarios.

29/04/2008

Premio Dardo 2.008.

20080429113750-premiodardo.jpg

Mi querida y entrañable amiga Sak me ha dado el premio Dardo y tengo que decir (haciendo un chiste malo, de los míos) que "ha dado en el clavo". Gracias Sak. Otro premio muy bueno que me das es siempre que vienes a mi cueva.
Y yo tengo que darlo y, aunque es muy duro e incómodo escoger y cinco son muy pocos, se lo doy a:
Trini
Hannah
Mela
Homero
Furgo
Saludos a todos.

Etiquetas: , , , ,

29/04/2008 11:37 Autor: lacuevadeldinosaurio. Enlace permanente. Tema: Actualidad. Hay 8 comentarios.

27/04/2008

21/04/2008

Con el agua al cuello.

20080421140957-orcasitas.jpg

Orcasitas

Aventuras Caseras Asociadas, presenta: Cap.IX

Hay veces que parece que el cielo cae sobre nuestras cabezas. Sucede cuando, en lugar de diez o quince problemas a la vez, te llueven unos cincuenta al mismo tiempo y casi todos con mal pronóstico. A mí cuando me pasa eso, me siento un rato, pongo a Pink Floyd, por ejemplo, respiro fuerte (en ocasiones, lloro un poco) y luego empiezo a hacer una especie de borrador de lista de decisiones rápidas en una o dos palabras, que anoto en un papel. Algo así como:

Chus: no (aunque luego sea que sí, por los garbanzos).
Despacho: hablar con el administrador.
Teléfono: ver ofertas.
Hipoteca: renegociar.
Halien: flores.
Cyndi: llamar.
Coche: llevar al taller.
Charli: hablar con Lola.
Socio: hablar.
Mi madre: llamar.
Etcétera, etcétera.

No suele servir de nada porque en esto no hay recetas que valgan, ni se parece a lo que luego hago, que tampoco se parece a lo que luego sucede, pero me calma algo, de momento, hasta la próxima crisis. Sin embargo, todo va dejando un poso amargo que, al final, te pasa factura y no te libra ni san Judas Tadeo, oye. Y, aunque dicen que peor es no contarlo, el trago es respetable, amargo y duro.

En estos temas de andar agobiados y con el agua al cuello los españoles nos parecemos mucho (a pesar de las nacionalidades y regiones y de que dicen que nos queremos romper y separar) porque cuando vemos a alguien así, acudimos corriendo enseguida a echarle una mano … al cuello, para que se termine de ahogar. O quizás es que sea algo de la tan socorrida condición humana.

Pero también en cuanto a la pobreza (problema mundial espantoso y horrible) y a las dificultades económicas hay muchas situaciones dispares y contradictorias y no te puedes fiar de las apariencias en ningún sentido. Un día, mi madre, en una excursión que hizo a otra ciudad con sus amigas, dio una limosna a una mujer que, por su actitud y por su aspecto parecía estar pidiendo a la puerta de una cafetería, para que se comprase unas zapatillas nuevas, de cómo tenía las que llevaba puestas. Cuando entró al bar, le dijo un camarero:

-Señora, disculpe que me meta donde no me llaman, pero he visto cómo le daba usted dinero a esa mujer de la puerta y tengo que decirle que esa mujer, que parece una mendiga, es la dueña de todo este bloque, con sus locales y garajes, y un montón de casas y fincas más y tiene dinero para aburrir. Se lo digo para que lo sepa usted y no se llame a engaño por verla así.

En cambio, a ella misma, en los años 50, en el llamado Auxilio Social, institución de caridad de aquel entonces, le negaron ayuda diciendo que no podía ser que fuera pobre porque iba muy limpia. ¡La condición humana esa!

Me había pedido Víctor que le negociara una rebaja en un préstamo que le hizo un patriarca en Orcasitas. Le dije al contacto que necesitaba garantías para moverme por allí y quedaron en recogernos a Emiliano y a mí en las escaleras del ambulatorio.
Cuando llegamos, nos esperaban tres armarios enormes con cara de apache que, al bajarnos del coche, estamparon una pegatina verde fosforito en el parabrisas y nos invitaron con la cabeza a subir al suyo. Parecían tan seguros de sí mismos que ni siquiera nos cachearon. Dimos unas vueltas de despiste y pararon frente a uno de los muchos portales idénticos de uno de los muchos bloques idénticos en el interior del barrio. Subimos una estrecha escalera y entramos en una casa hasta el salón donde había otras tres personas, una de las cuales era el banquero de Víctor, mi cliente y el suyo.
No era un hombre enjuto y cetrino, sino bien metido en carnes, elegante y serio, con el sombrero bien calado, un bastón con mango de plata vieja y un anillo de oro en el anular de la mano derecha con un rubí que parecía un huevo de paloma.

-Aquí estos payos quieren parlamentar, don Manuel – dijo un gorila con voz profunda.
-¿Cuál es su gracia, payo? – me increpó otro guardaespaldas.
-Pues … gracia … no sé … poca – dije confuso.
-¡Le está preguntando su nombre! – dijo otro.
-¡Ah! Martín – contesté.
-¡Hombre, Martín, como mi burro! – dijo uno de los que estaban sentados con el patriarca y se echaron todos a reír de muy buena gana.

Noté que Emiliano se ponía tenso y le hice un gesto, para que se relajara, quitándole importancia.

-No se moleste usté con Basilio, don – me dijo luego el patriarca secándose las lágrimas de la risa con un pañuelo -, no ha querido ofenderle. Era una broma. Tomen asiento … por favor.
-Está bien – asentí y nos sentamos -. Verá usted, vengo en representación de mi cliente, don Víctor Olea … No sé si le recuerda – me interrumpí esperando que me pidiera más detalles, pero me hizo un gesto indicando que estaba al corriente del tema -, para negociar el préstamo que mantiene con usted porque le resulta muy gravoso y se ve … con el agua al cuello.
-¿De qué era la deuda, sabe usté, de juego o de hambre? – preguntó con una voz grave y entonada.
-De juego – le dije.
-Entonces …
-Disculpe usted, don Manuel – le interrumpí, sabiendo que me la jugaba pero sabiendo también que interrumpía una sentencia que sería inapelable una vez pronunciada -. Con el debido respeto, don Manuel, si me permite añadir algo, la deuda es de juego, sí, y es justo que la pague, pero ¿qué pinta ahí un tal Edmundo, o algo así, que se lleva una comisión exagerada? ¿No cree usted que la deuda es sólo con el deudor y ese Edmundo que se meta en sus cosas y no en las de los demás?

Me miró perplejo, como dudando entre romper a reír, de nuevo, delante de mis narices por mi paya ingenuidad o partirme la cara de un bastonazo por mi payo atrevimiento y mi paya insolencia.

-¿El payo Vítor aceptó la “cláusula del fundo”? – le preguntó don Manuel al Basilio, el de la broma del burro.
-No, primo – contestó el Basilio medio muerto de risa.
-No es usted abogado, ¿verdad? – me preguntó don Manuel con la clara intención de llamarme ignorante.
-No.

Hubo un largo silencio durante el cual, don Manuel, me escrutó con una mirada solemne y avezada de jefe piel roja, como si quisiera calibrar mis higadillos y, al cabo de un buen rato, dijo:

-Está bien – cabeceó asintiendo.
-¿Entonces? … - empecé.
-Pero … - me interrumpió levantando una mano – a condición de que si su cliente vuelve a pedirnos algún otro préstamo, se le aplicará el doble de la comisión “Edmundo” esa – remató con sorna y me miró como diciendo: “Te toca”.

Me lo pensé un rato, no mucho, calibrando ante todo la capacidad de Víctor de asumir y cumplir una promesa así y, al cabo, dije:

-Me parece justo, don – le tendí la mano cerrando el trato, nos levantamos y nos fuimos escoltados por los mismos armarios.

Cuando, al día siguiente, vino Víctor a mi despacho y le hice el resumen que me pareció de la reunión con su prestamista, le llamé de todo menos bonito y él con la cabeza gacha, como un niño pillado in fraganti asentía a todo con tal de aguantar aquel chaparrón que se le venía encima esperando a que escampase.

-¡Pero ¿tú eres idiota?! – le dije -. ¡¿Te parece normal pedir prestado dinero para cubrir las deudas de juego a tus deudores?! ¡Tú estás mal de la cabeza, no hay otra explicación posible! ¡Además, ¿cómo te dejaste colar la comisión esa que no es más que una trampa para pardillos?!
-Es que … me amenazaron con una navaja – balbuceó amedrentado.
-¡Pero qué navaja ni qué! … ¡¿Quién te manda meterte en estos berenjenales, capullo?! ¡Si no fuera por tu padre … a buenas horas iba yo a meterme en la boca del lobo para sacarte las castañas del fuego! ¡Y desaparece de mi vista ahora mismo, que ya me estás haciendo hablar en refranero! ¡Por cierto que … dile a tu padre que esta tarde tengo que hablar con él!
-¡Pero, Martín, por Dios!, ¡¿se lo vas a contar todo?! – dijo aterrado.
-¡Pero ¿a quién se le ocurre nada más que a ti?! ¡¿Cómo le voy a contar nada?! Aunque bien mirado es lo que te mereces, por más que te haya prometido mantener el secreto. Pero … ¡ahora que lo dices! ¿y si te chantajeo para que le convenzas de que inyecte capital a la próxima ampliación de la sociedad?
-¡Cuenta con ello, Martín, yo le convenzo! ¡Y muchas gracias!
-¡Anda, anda, desaparece de mi vista y no vuelvas a pecar! ¡Y, sobre todo, no vuelvas a hacer el capullo!

Me quedé pensativo cuando Víctor, el hijo de mi socio, cerró la puerta del despacho porque en verdad el chantaje se me había ocurrido sobre la marcha pero me iba a venir de perlas para salir del apuro. “¡Si es que no hay mal que por bien no venga!”, pensé. Y también pensé: “¡Oh, malditos refranes, si hasta me los digo a mí mismo! ¡Esto empieza a ser preocupante!”.
Luego me entraron remordimientos y estuve tentado de volver a llamar a Víctor para decirle que había sido una broma y que no pensaba utilizar su desliz para salvar el despacho. Pero, en el último segundo, me contuve y lo dejé estar, porque quizás fuese mejor así.

© Javier Auserd.

Etiquetas: , , , , , ,

21/04/2008 14:09 Autor: lacuevadeldinosaurio. Enlace permanente. Tema: Ladrillos. Hay 11 comentarios.

19/04/2008

El trigo crece al sol. La Romántica.

El trigo crece al sol
y creces tu, mi chiquitín amor.
El sol te pintará
y crecerás como una espiga más.

Un gorrión pasará,
te cortará y te llevará con él
y luego entre los dos
un nido haréis, mi chiquitín amor.

Luna Faraco.

http://es.wikipedia.org/wiki/Virgen_de_la_leche

Etiquetas: , , ,

19/04/2008 22:23 Autor: lacuevadeldinosaurio. Enlace permanente. Tema: Música. Hay 4 comentarios.

15/04/2008

A las 6 de la mañana.

Aventuras Caseras Asociadas, presenta: Cap. VIII.

Uno.
Con las prisas, no me dio tiempo de preguntar a aquellos “caballeros” las preguntas que habíamos ido a hacer: “¿Había muerto Anselmo de muerte natural (obviando la pestilencia del agua y sus infecciones asociadas) o le había empujado alguien?”, “¿Frecuentaba el grupo o pertenecía a él otro Alien, éste otro con hache?”, “¿Tenían ellos algo que ver en la muerte de Anselmo?”, “¿Sabían dónde andaba Halien?”, “¿Hay vida después de la muerte?”. Era una pena no tener ahora unas valiosas respuestas (que, por otro lado tampoco creo que nos hubieran dado), pero por lo menos salimos vivos de aquella.
Callejeamos un rato, después de correr bastante, y terminamos en una chocolatería cerca de Tirso de Molina frente a una buena taza de café con porras y una copa de anís que nos hizo tiritar de frío por dentro para contrarrestar el sofoco de la carrera. Entonces, para retrasar el análisis del lance, nada halagüeño por cierto, me contó Lazo, a traición, su curriculum (menos halagüeño todavía) de una familia desestructurada (ese palabro lo aprendió en un curso de los Fondos europeos al que le obligaron a ir los del paro) donde le pegaban sus padres alcohólicos y él se escapaba con sus amigos drogotas y manguis y que por eso se metió en la mala vida y ahora es un camello de tres al cuarto (aunque, mal mirado, no le va tan mal, no te creas) y que si él no vende a los niños y que si patatín y que si patatán … lo típico.
Procuro no juzgar a nadie, aunque quizás ante determinadas situaciones debería hacerlo, porque no se puede atravesar la vida templando gaitas. Pero la famosa piedra de Jesucristo causa estragos, además de resultar muy cómoda y manejable, por más que probablemente su sentido original fuera otro. De modo que, hice que me tragaba la película de Lazo junto con las porras, el café calentito y el anís frío y luego, cada mochuelo se fue a su olivo. El mío estaba vacío y triste, fané y descangallado.

Dos.
Luego de dos cabezadas mal dadas, llamé a Charli, que me había dejado un mensaje en el contestador, y le prometí volver a ocuparme de Ludecio que volvía a molestarle. Llamé a Chus, que me había dejado otro mensaje, porque su novia le amenazaba con volver con Vladimir y quería que la siguiera. Después de un corte de mangas mental dedicado a Chus, hice otras cuatro o cinco llamadas de trabajo y, cuando estaba marcando otra llamada, me llamó el comisario Ortega para que me acercara ya mismo al número 3 de Lope de Vega, aquí al lado, donde me tenía reservada una sorpresa. Me puse de los nervios, porque si las sorpresas de Miranda eran de in extremis, las de Ortega eran de in articulo mortis y tenía yo un cuerpo serrano ...

Me crucé con Lucía, de la científica, que iba, pálida, a dejar el maletín en la furgoneta.

-¿Qué tal, Luci? – le dije.
-Pues … bien. Yo ya me voy a vomitar a otra parte.
-Siempre estás igual – le dije.
-Sí, sí … Esta vez vete preparando.
-¿Por?
-Ya lo verás. ¡Chao!
-¡Qué exagerada eres!
-Ya, ya. Entra, entra.

Levanté la banda de plástico y entré al portal. Aparentemente estaba todo tranquilo. Yo, que temía encontrarme la típica y desagradable escena de algún cuerpo despanzurrado contra el suelo, me quedé parado bajo el tragaluz, mirando a todas partes … menos arriba, y tratando de evitar un charco de agua sucia que había en el centro, cuando noté que me caía una gota en el pelo y oía la voz de Ortega que me llamaba. “¡Qué raro! – pensé – si no está lloviendo. Habrá goteras”.

-¡Sube, sube, Martín. Aquí, en el tercero! Sube, anda, y quítate de ahí que te vas a poner perdido.

Al mirar arriba, sólo se notaba un bulto que no se distinguía bien lo que era, pero cuando llegué al tercero hubiera dado cualquier cosa por no distinguirlo.

-¿Qué es eso? – le dije a Ortega.
-¿Eso? … Eso es un viejo conocido tuyo.
-¡No jo … robes!
-¡Sin jorobar! Y límpiate la frente y la mano, que te vas a manchar todo.
-¡Pero si es! … ¡¿cuándo me he hecho yo una herida?!
-No es tuya es de …
-A ver … ¡No! ¡No es posible!
-Y tan posible, Martín, y tan posible. Nos lo venías diciendo hacía mucho y no te creíamos, hasta que anoche … Bueno, esta mañana.
-¿A qué hora? – pregunté con un hilo de voz, mientras me limpiaba la mano y la frente.
-Creemos que fue sobre las seis. Estamos interrogando a la chica. Y menos mal que no le abrió, que si no había ido ella por delante y ... Tranquilo, Martín, tranquilo. Ahí hay bolsas.

Cogí una, me aparté de Ortega y de los policías que terminaban de sacar fotos desde distintos ángulos y empezaban a bajar para que subieran los que iban a descolgar el cuerpo sin vida del muchacho, y luego se me calmó el estómago y me limpié el sudor que me bajaba por el cuello hacia la espalda.
Subieron una camilla dos tíos cachas, envolvieron el cuerpo colgante con una red, lo subieron, desataron la camisa con la que se había ahorcado, metieron todo en una bolsa (genitales y navaja barbera incluidas), la aseguraron a la camilla y la bajaron en posición casi vertical con las patas plegadas para que no les estorbaran.

Tres.
No estaba yo para juergas, pero por la noche tuve que quedar con la amiga de una prima de Halien en una discoteca donde trabajaba de go-go. Terminó su número y volvió al camerino donde me había dicho que la esperara.

-Sí, tiene unos tíos en un caserío … por Álava, creo.
-Hm, hm.
-Yo soy de Bilbao.
-Ah.
-Del mismo Bilbao, ¿eh? De Abando.
-¡Oh!
-Sí, sí. No te vayas a creer, ¿eh?
-Ya, ya. Y … oye, tú conocías mucho a José Miguel, ¿verdad?
-¡¿Cómo?!
-¡Que si conocías a José!
-Fui su novia unos meses – me dijo mientras se terminaba de secar la cara y se ponía los vaqueros – Cuando llegó aquí no conocía a nadie y yo era amiga de una de sus primas de … Basurto. Pero era un poco raro, ¿sabes?
-¡No me digas! …
-Se ponía nervioso, de golpe, y salía corriendo. Un poco raro era, sí.
-Y luego ¿os visteis mucho?
-¡¿Cómo?!
-¡Que si! …
-¡Es que, con la música de ahí arriba a todo trapo no te oigo! ¡Bueno, te oigo, pero no te entiendo! ¡Espera, que termino de cambiarme y voy más cerca!

En las paredes grasientas de aquel antro las chicas habían puesto una nota de color colgando carteles de tíos buenos en pelotas. También rociaban insecticida comprado de su bolsillo todo lo que podían por todos los rincones.

-¡Ya estoy aquí! Ya estoy aquí.
-Conozco un sitio más … tranquilo, donde no tendremos que gritar, ¿vienes? – le dije.
-Vale – me contestó encogiéndose de hombros.

Salimos del antro y caminamos un rato en silencio por las calles recién regadas y llenas de borrachos y de chulos. Aunque me caía de sueño, me fijé en que sin maquillaje no era tan fea y no daba el cante como cuando trabajaba “go-goando”.

-Escucha, …
-Cyndi – dijo una vez sentados más tranquilos en Sésamo donde, encima, esa noche no había pianista.
-Escucha Cyndi, José Miguel ha muerto.
-Ya. Me lo has dicho tú antes de mi actuación.
-Y … ¿no te da pena?
-Hombre, pena, pena … claro que me da … pena. Pero mira …
-Martín.
-Mira, Martín, ¿para qué nos vamos a engañar? Ese chico no estaba muy bien que digamos, ¿no te parece? Y … ¿cómo ha muerto?, ¿en un accidente?
-Eee … Sí. Sí. Un accidente … de moto.
-Ya. ¿Pero si le daban pánico las motos?
-Pues ya ves … Precisamente.
-Mira …
-Martín
-… Martín. Yo no sé en qué líos andaba metido últimamente Joseba, sólo sé que siempre ha estado como una cabra y los últimos amigos que tenía del juego ese de los cojones no le venían muy bien que digamos. Encima se había enamoriscado de una antigua yonki que le ponía como una moto para nada, ¿me entiendes? Yo trabajo donde trabajo, pero locuras las justas, ¿sabes? Yo soy muy clarita y a mí las bobadas de Joseba y sus compañías no me gustaban un pimiento. Yo creo que mejor morir que perder la vida, no sé si me entiendes, quiero decir que la muerte te llegue cuando te tenga que llegar, pero eso de andarla buscando ... no me gusta, ¿sabes?
-Te entiendo … Cyndi. Te entiendo.
-Pues eso.

La dejé en la puerta del piso donde vivía con unas amigas. Al día siguiente tenía que ir a una entrevista de trabajo y no podía entretenerse más y a mí, que me caía a cachos, me vino de maravilla. Quedamos en vernos otra noche de estas.

Cuatro.
Una vez me dijo una bruja de feria en la verbena del barrio, “Adivina, madame Eiffel” ponía en el cartel de la entrada, a la vista de mi mano derecha:

-No te suicides nunca, hijo mío, porque volverás una y otra vez a este mundo en condiciones cada vez más miserables. Es mejor que aguantes hasta el final. Ya te llegará, no tengas prisa. Por dura que sea una vida, el castigo reservado a los suicidas es infinitamente peor, recuérdalo siempre.

Me dejó bastante preocupado porque lo que me dijo no me auguraba un futuro precisamente brillante, pero yo le hago caso en todas las circunstancias, aunque caigan chuzos de punta y me den todos de lleno, por si las reencarnaciones esas, que no me gustan nada y que, incluso conceptualmente, me parecen de lo más atroz e injusto que hay en el panorama filosófico universal.

Según una creencia zuambé, el demonio encargado entra sobre las 5 de la mañana en la choza, habla con el humano, previamente elegido y machacado a adversidades por los espíritus, y, si le convence, cuando canta el gallo, se lleva su aliento por la ventana y deja el cuerpo tirado en este mundo para que se lo coman los insectos.

El suicidio es una terrible y triste lacra social en la que, además de la depresión, la demencia, la esquizofrenia, el alcohol, las drogas, la soledad no buscada, la incomunicación … juegan un espantoso y macabro papel que hay que tratar psiquiátricamente. Alrededor de las 6 de la mañana, hora local, suceden la inmensa mayoría de los suicidios.

Que nadie se vea nunca en el escenario de ese infierno.

© Javier Auserd.

Etiquetas: , , , , ,

15/04/2008 19:18 Autor: lacuevadeldinosaurio. Enlace permanente. Tema: Ladrillos. Hay 6 comentarios.


Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con iCities, 1001 relatos y el I Encuentro Rural de Blogs.]