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La cueva del dinosaurio

El dulce minuet. Nacha Guevara.

El dulce minuet. Nacha Guevara.

http://www.geocities.com/lanachaguevara/nachaguevara.html 

Hay días en mi vida
en que nada es alegría,
me siento pesimista, triste y descreída.
Mas cuando estoy mufada
y ya no sé qué hacer,
entonces canto
este alegre y dulce minuet.

Hay hambre en Sudáfrica, la la la la la la
Secuestros en Beirut, la la la la la la
Tiroteos en Irlanda, la la la la la la
Y huelgas en Perú, la la la la la la la

La tierra está plagada
de almas desoladas.
Los rusos odian a los chinos,
los chinos a los cubanos,
en Inglaterra odian a los yankees,
en Italia a los italianos
y yo no quiero a nadie mucho que digamos.
Pero sin embargo
podemos estar calmos
pues tenemos como adorno
una nube hongo.
Y también la convicción de
que alguna hermosa tarde
alguien tocará el botón y
volaremos todos por el aire

Hay hambre en Sudáfrica, la la la la la la
Y masacres en Vietnam, la la la la la la
Lo que natura no ha querido darnos
nuestros semejantes nos lo darán.


La canción es de Nacha Guevara y Alberto Favero, quienes la compusieron en 1.971.

Un sueño macabro.

Un sueño macabro.

Claude Monet. 

Últimamente sueño que vivimos debajo de un puente ... y me despierto llorando.
Hemos perdido todo: la pensión, la casa por falta de pago del alquiler, los muebles, los electrodomésticos, los teléfonos, la ropa, los gatos, el conejo, los muñecos, el ordenador ... todo ... menos la vida, aunque no sé para qué la queremos (¿quizás para seguir sufriendo hasta extremos atroces?).
Entonces entiendo lo que les pasa a la mayoría de los inmigrantes. Sólo que nosotros, en mi sueño, ni siquiera podemos ser inmigrantes porque no tenemos a dónde ir.
Me despierto llorando.
No es justo. No es justo vernos sin nada después de haber luchado tanto, aunque no por cosas materiales (quizás por eso nos vemos así, en mi sueño). Entonces me pregunto: ¿es mentira todo? Todo lo que nos enseñaron los curas y los maestros atrapados en la Falange, ¿era mentira?, ¿es mentira?, ¿sólo es verdad la ley de la jungla más abyecta?
Me despierto llorando. Y me contesto que sí. Sí a todo. Como en un macabro test infernal: sí a todo.
¿Es mentira que exista la justicia en este mundo?: Sí.
La bondad, la belleza, el bien, el honor, la honestidad, la honradez, la nobleza, la solidaridad, la paz, la tolerancia ... ¿son un espejismo?: Sí.
Sí a todo.
Me despierto llorando.
Al conejo (otro de nuestros queridos refugiados) le apedrearon unos gamberros (los gatos huyeron entonces, despavoridos), luego nos apalearon a nosotros. Sin amigos, sin dinero, sin casa, sin cobertura social, sin salud, sin tarjetas, sin móviles ... no se es nada en este primer mundo y tampoco en ningún primer inframundo: tampoco se es nada. Nuestros hijos, no sé qué habrá sido de ellos. No tenemos familia y no podemos movernos.
Me despierto llorando. Pero ¿qué soluciono con eso? Si un día mi pesadilla se hace realidad, ¿qué soluciono con eso?
Me digo que no debo ser tan pesimista, tan amargo, tan negativo.
De acuerdo, no lo seré.
Y sin embargo, lo más aterrador de mi sueño es que es perfectamente verosímil, perfectamente factible en este mundo (espejismo, espejo, reflejo, clon de otro mismo mundo contrario poblado de vileza y de mentiras o, a veces, muchas veces, ni siquiera contrario, sino coexistente).
Me despierto llorando ... de terror ante una posibilidad que, al tiempo, es realidad para muchos otros seres ... ¿humanos?, ¿infrahumanos?, ¿inhumanos?
Y, entonces, ante eso, ¿qué soluciono llorando?
Me despierto llorando y comienzo una lenta plegaria egoista y terrible que dice así: "Haz, Señor, que nunca nos pase eso a nosotros". Pero no estoy seguro de que Señor me oiga y atienda mi súplica. No sería el primero ... ni el último.

Javier Auserd.

Mi vida limita al norte. Autor desconocido (para mí).

Mi vida limita al norte
con la muerte.
Al sur, con mi madre herida.
A la derecha, mi amo
contabilizando el aire.
A la izquierda tu sonrisa,
amiga de amar, amante.

Esta es la letra de una canción de los años 70 que recuerdo perfectamente pero no así el autor. Me parece que la cantaba el grupo musical Aguaviva, pero tampoco puedo asegurarlo con certeza.
Si alguno de vosotros sabe el autor de la letra o el poema y el poeta, os agradecería que, por favor, me lo digáis.

Algo pringado.

Algo pringado.

Detalle del cuadro "La entrega de las llaves a San Pedro" de "Il Perugino", 1.480-82 Roma, Capilla Sixtina.

Para Dinosaurio.

Uno.

-¿Se puede saber qué hace usted?
-¿No lo ve?, intentando abrir la puerta.
-Ah, ¿y lo dice así, tan tranquilo?
-¿Y con ese destornillador?
-¡Claro! Es que se me ha cerrado con el aire y me he quedado fuera, pero ¿a ustedes que les …? ¡Ah, la policía!
-Pues sí, hombre, sí, somos la policía. Dos policías, ¿nos ve?
-¿Y eso?
-¿Cómo que “¿y eso?”? ¿No sabe usted que nos ha llamado un vecino?
-No tenía ni idea. ¿Y para qué les ha llamado?
-Bueno, ya está bien de cháchara. ¿Qué hace usted intentando abrir esa puerta con un destornillador?
-Ya se lo he dicho, que me he quedado fuera y estoy intentando entrar.
-¿A dónde?
-Aquí.
-¿Por qué?
-Porque yo vivo aquí. Pregunten, pregunten a los vecinos.
-Ya lo hemos hecho y nos han dicho que no le conocen.
-Además, si le conocieran ¿por qué iban a llamarnos?
-¿Y yo qué sé? Es que soy nuevo, acabo de llegar. Estoy cambiándome y por eso no me conocerán. ¡Digo yo!
-Y la tele y el equipo de música que hay en el portal, ¿son suyos?
-¡Claro! Me estoy cambiando de casa y se me ha cerrado la puerta con el aire y se me han quedado las llaves dentro.
-Bueno, bueno. A ver, documentación.
-También está dentro.
-Ah, ¡qué casualidad! Venga, acompáñenos a comisaría.
-¡Pero, hombre, tienen que creerme! Es que he discutido con mi madre y me he cambiado aquí.
-Y, ¿de quién es este piso?
-De mi madre.
-¿Pero no dice que ha discutido con ella y se ha ido de su casa? Esto huele fatal, ¿eh? Venga, acompáñanos y no opongas resistencia.
-¡Pero, que no me hagan esto, hombre, por favor, todo tiene una explicación muy sencilla. Ya se lo he dicho!
-Sí, sí. Eso se lo explicas luego al juez.
-Ven por las buenas y no nos obligues a esposarte. Y trae aquí ese destornillador, que estás poniendo nervioso.
-Pero, no puedo dejar la tele y el equipo en el portal. ¡Me los pueden robar!
-¡Tendrá jeta el tío! ¡Es él el que está robando y encima dice que se lo pueden robar!
-Sí, menuda cara dura … Pero en eso tiene razón, no podemos dejarlo ahí, pueden servir de pruebas.
-Pruebas, pruebas, ¿más pruebas que pillarle in fraganti intentando abrir la puerta …? Pero bueno, vamos a localizar al presidente y que se haga cargo él.
-Pero que les firme un recibo, ¿eh?
-¡Tú a callar!, hombre, a ver si te sacudo.
-¿No me leen mis derechos?
-Tu has visto muchas películas, ¿verdad?
-¡Anda, tira, que se va a caer el pelo!

Dos.

-Profesión.
-Abogado.
-¡¿Abogado?, ¿con esa cara?!
-Y ¿qué cara tienen los abogados?
-De Suasenaguer con traje de Armani, ¡no te fastidia! Y tú con esas pintas.
-Es que estaba en ropa de casa y …
-Sí, sí, sí. Todo eso al juez.
-Pon todo lo que tengas ahí encima, anda.
-¿Y este papelito? ¿A ver qué pone? “Di-no-su-ro”. ¡¿Cianuro?!
-Dinosaurio.
-¿Eso qué es?, ¿tu apodo en la banda de atracadores?
-No, hombre, es de Internet.
-¡Bueno …! ¡¿Que eres un “caker” de esos? ¡Madre mía! ¡Cada vez lo tienes peor! ¡Pero cómo vas a ser abogado, si no tienes ni idea de que tú solo te lo estás poniendo fatal!
-Es que soy de fiscal.
-¡Ja, ja, ja! ¡Ahora dice que es fiscal! ¡Tú lo que estás es como una cabra! Claro que, seguro que es un truco.
-¡No, hombre, abogado de temas fiscales! ¡De Hacienda!
-¡¿Inspector de Hacienda?!
-¡Que no! Abogado de temas tributarios de impuestos y todo eso, por eso de penal tengo poca idea.
-Pues vete espabilando, majete, porque lo llevas crudo.
-¡Quiero un abogado!
-¿Pero no dices que tú lo eres? ¡A ver si te aclaras! ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

Tres.

-¡Qué alegría de verte, hermano!
-Pero hombre, ¿en qué lío te has metido?
-Pues nada, que, cuando me dejaste los trastos en el portal y te fuiste, se me cerró la puerta con el aire con las llaves dentro. Traté de abrirla con un destornillador, algún vecino se mosqueó, llamó a la policía, vinieron, me pillaron intentando abrir la puerta con el destornillador y, a partir de ahí, todo se ha liado de mala manera.
-¡Y que lo digas, majete! ¡Menuda movida! Menos mal que he podido convencer a mamá para que venga a aclarar el asunto porque no te creas que estaba muy dispuesta al principio, ya conoces el genio que tiene. Lo que pasa es que al final una madre es una madre, pero ¡menuda bronca te espera! Te aconsejo que aguantes el tirón aunque ya seas mayorcito. Ah, ¿qué tal has dormido?
-Pues imagínate, aquí en las celdas de la comisaría … No he pegado ojo.
-Bueno, hombre, dentro de un rato te sacarán. Y ya puedes reconciliarte con mamá y, sobre todo, llevar siempre las llaves encima.
-Sí, y también ir siempre de traje.
-¿Y eso?
-Nada, nada, cosas mías.
-¡Ay, madre!, ¡tú y tus cosas!

Javier Auserd.

Algo cansada.

Algo cansada.

Claude Monet, su casa en Giverny. 

Para Gatopardo. 

Estaba cansada. De buena gana se acostaba ahora mismo si no fuera porque estaba esperando un paquete que vendría de un momento a otro y, además, tenía que poner de comer a los gatos. Mientras encendía otro cigarro, pensó que, a veces, los gatos son unos pequeños tiranos insoportables y desconsiderados, pero, enseguida, desechó esa idea con un movimiento negativo de cabeza: “No, no, ¿qué digo?, son muy majos, yo los quiero mucho. Lo que pasa es que yo ... estoy cansada”.
Se dijo que lo mismo influía el tabaco, luego se rebatió la afirmación, pero enseguida volvió a darse la razón porque estaba tan cansada que no le apetecía ni siquiera discutir consigo misma aquella tarde de un frío gris plomizo que barruntaba agua, incluso nieve. “No, no, va a caer sólo agua. Bueno, ¿yo qué sé? Tendría que comer algo, pero no me apetece nada. Igual unos cereales con leche un poco después”.
Últimamente no se sentía muy bien que digamos, pero ella no era una pusilánime de tres al cuarto ni una ñoña que se quejara sin más, aunque llevaba unos meses de varios pares de narices y, encima, lo de la radio se había interrumpido, “¡con la ilusión que me hacía!, ¡lo mismo se termina por ir al garete!, ¡maldita sea! Tengo que pensar en algo”.
Iba recorriendo la casa como un alma en pena, dando y apagando luces a su paso. Se sentó delante del ordenador y empezó a teclear para espantar el sueño y la desidia y, sobre todo, el cansancio. Mandó varios correos electrónicos sin parar de fumar mientras notaba que el humo del tabaco embotaba aún más su cabeza en lugar de despejarla como siempre. “Me estará entrando la gripe”.
Oyó sonar el timbre de la puerta y, con un esfuerzo supremo que la dejó para el arrastre, se levantó y fue a ver quién era. Era el mensajero. Le plantó un autógrafo desganado, un simulacro de número de deneí y un gruñido de despedida congelada que le quitó de en medio en un pispás. A continuación, dejó el paquete encima de la mesa del salón y se dirigió a la cocina. Allí preparó comida para todos los gatos del vecindario, a los que ya podía oír claramente peleándose por un puesto preferente en la puerta que da al jardín. Abrió la puerta y les puso los cacharros con comida en el sitio de siempre notando sus suaves roces de agradecimiento junto a sus maullidos de apremio. Les dejó dando buena cuenta del banquete y volvió a entrar en la cocina. Hacía fresco y se estaba levantando un aire desapacible. Un estremecimiento recorrió inesperadamente su espalda como si la hubiera atravesado alguno de sus viejos fantasmas. Eso, sin saber a qué santo venía, le recordó a su madre, con la que había discutido hacía poco, cuando le propuso volver a casa durante unos días para reponerse porque la encontró muy delgada la última vez que se vieron. Por supuesto, ella se negó en redondo con vehemencia: “¡una tía independiente y autosuficiente como yo!, ¡pues estaríamos apañados si cada vez que estornudo tuviera que volver a Florencia!, ¡anda, anda, mi madre, cómo se pasa!”.
Se calentó en el microondas un poco de leche en un tazón y añadió un puñado de cereales para poder decirse a sí misma que había cenado. Tenía pendientes algunos temas, entre ellos su colaboración en Periodismo Original, pero aquella tarde no le apetecía calentarse la cabeza con nada ni quería darle más vueltas a los problemas acumulados. Se sentó de cualquier manera en una silla y se fue tomando los cereales con desgana y una ligera sensación de mareo.

Cuando despertó en una habitación de hospital, pensaba que estaba en su casa a la mañana siguiente. Quiso levantarse para dar de comer a los gatos, pero se dio cuenta, perpleja, de que un fino tubo, que bajaba de una bolsa de suero colgada de un palo gotero, se lo impedía. Se abrió la puerta y entró una enfermera, amiga suya.

-¿Cómo estás?
-Bien, pero, ¿qué hago aquí?
-Te mareaste y te caíste al suelo. Te encontró tu vecina cuando fue a ver qué les pasaba a los gatos que no paraban de liar un escándalo en la puerta de la cocina. Tuvo que saltar la valla y por poco se dobla un tobillo. Se asustó mucho. Ya la conoces.
-Y, ¿qué me pasa?, ¿es grave?
-No. No te preocupes. Te hemos hecho análisis y algunas pruebas y sólo das un poco de anemia. Te vamos a poner un tratamiento para que lo sigas en tu casa y, si todo va bien, creo que te darán el alta mañana mismo. Ahora vendrá el médico y te lo explicará mejor, en cuanto termine de hablar con tu madre.
-¡Mi madre está aquí!
-Sí, creo que cogió un avión de madrugada. Prepárate porque me da la sensación de que viene para quedarse unos días a cuidarte, te pongas como te pongas. Yo te aviso, ¿eh?
-¡Vaya por Dios!, ¡pues sí que la hemos hecho buena!
-Anda, anda, no te pongas así, que no te viene bien y resígnate que podía haber sido …

En ese momento entró su madre con el médico charlando animadamente.

-¡Hija mía!, ¡Si ya te lo venía diciendo yo hace meses! ¿Cómo te encuentras ahora?
-Pero mamá, escucha …
-Nada, nada, hijita, ya está todo hablado y resuelto, ¿verdad, doctor? Me quedo unas semanas o meses, lo que haga falta, y tú te portas como una niña buena y te tomas todas las medicinas que te manden para que te recuperes como Dios manda. Si es que te lo tengo dicho, pero tú no me haces caso. No comes bien, no duermes bien, no descansas, ¿verdad, doctor?
-Pero, mamá …
-Ahora vamos a dejarte tranquila y si mañana estás mejor, te damos el alta, ¿verdad, doctor? Tú no te preocupes de nada, que yo me encargo de todo. Hasta luego, cariño, ¿verdad, doctor?

Salió de la habitación dirigiendo muy suavemente al joven doctor hacia fuera por el brazo mientras la enfermera salía también, sonriendo y lanzándole un cantarín:

-Hasta luego … cariiiño …

Beatriz se quedó un momento mirando al techo y exhaló un suspiro de resignación. Después de todo, podía haber sido aún peor. Aunque lo peor eran los meses que tenía por delante con su madre en casa. Se consoló pensando que era el precio periódico de la independencia y que … a la casa no le vendría nada mal que un cierto vendaval maternofilial la renovara. Y a ella tampoco.

Javier Auserd.

A mi maestra, mujer trabajadora. Ana Amblés.

A mi maestra, mujer trabajadora. Ana Amblés.

Ahora que va a ser el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, quiero rendir un sentido homenaje a la mujer que me enseñó el poder de la palabra en unos tiempos en los que, de forma soterrada y oculta, aún imperaba una gran violencia.
Era menuda, un poco feucha y, encima, algo coja, con lo que tenía asegurada la burla y la crueldad infantiles que se cebaban a veces con ella. Incluso a los adultos se les escapaba una irónica sonrisa cuando se cruzaban con ella al lado de una amiga suya enormemente alta para la época, “el punto y la i”, decían con socarronería.
Eran los años cincuenta cuando llegó a una escuela con muchos niños con edades entre los 5 y los 14 años, todos para ella solita.
Hubo quien, al verla, dijo: “esta no dura nada”, de lo puro frágil que parecía. Pero su energía era tan grande que pudo con todo y con todos y duró, vaya si duró, afortunadamente.
Era la escuela un palomar con grandes ventanales y todas las niñas íbamos de un blanco impecable, tan bien peinadas que, si algún rizo rebelde se escapaba de las ortodoxas trenzas: “¡a tu casa a recomponerte!”. Se la tachaba de puntillosa, pero ¡cómo aprendimos con mi maestra! Me gusta llamarla así: “mi maestra” todavía, porque es un término que engloba todo el manantial inagotable que desplegaba a diario. Con ella aprendimos a recitar, a cantar (¡qué maravilla las niñas de doña Carmen cantando gregoriano a tres voces en las festividades!), orgullosas de tener una maestra que nos iba “mostrando” la historia (la “oficial”, que era la que había), las mesetas, las llanuras, los ríos, los cabos, los golfos (¡qué risa nos daba el nombre de ese “accidente” geográfico!), las flores, los pájaros, las estaciones con la descripción de cada uno de sus encantos, los números, las figuras geométricas …
Siempre estaba allí, arropándonos, protegiéndonos con firmeza pero con cariño, sin vacaciones, en su casa de puertas abiertas, de “tócame Roque”, enfrentándose con el cura, si hacía falta, para que no antepusiera la liturgia a la enseñanza. Y, cuando estaba enferma, allá que nos íbamos al salón de su casa a que nos pusiera los deberes. De niña, eso fastidia, sobre todo en primavera cuando los verdes prados se llenan de frescura y de flores y sus laderas invitan a tirarse rodando olvidando a don Pelayo, Rusia, capital Moscú, el lago Victoria, el estado de Texas y la quinta puñeta. Pero allí estaba ella, preocupándose de todas, ayudando a que ninguna se quedara atrás y de que fuéramos más listas que los pedazo de burros de los niños de don Francisco, luchando, luchando, cayéndonos y levantándonos una y otra vez, como si nada.
Somos una generación de mujeres que le debemos a las doñas Carmenes de cada pueblo y ciudad de España casi todo lo poco o lo mucho que hayamos sido capaces de conseguir, ahora podemos verlo.
A veces pienso que tendríamos que haberle hecho un homenaje, pero la vida nos va separando y su menuda figura se fue desdibujando de nuestra memoria. Sin embargo, después de todo, quizá estas líneas puedan serlo. Ahora que tanto se habla del papel que tenemos que desempeñar las mujeres en la sociedad, yo evoco y reivindico su memoria de entre la niebla de los tiempos oscuros.
Gracias, Carmen (doña Carmen), por ser nuestra maestra, por enseñarnos a componer versos en el mes de mayo junto al valor de la honestidad y la nobleza, por hacer teatro para el Domund junto al valor de la solidaridad y de la justicia, por cantar, por bailar, por leer en voz alta, por escribir en el libro de la escuela junto con el inmenso placer de ir aprendiendo a ser yo misma con mis limitaciones y defectos pero también con mi capacidad de decidir y de ser libre.
Para Carmen Blázquez, maestra de Hoyos del Espino en los años cincuenta, mis más sinceras gracias con un fuerte abrazo.


(La imagen está tomada de http://www.poemitas.com/mi_maestra.htm).

Se vengarán de mí.

Se vengarán de mí.

Se vengarán de mí
las moscas que maté,
la verdad es que fue
porque me defendí.

Platos yo no rompí,
puertas no derribé,
a nadie más maté,
a nadie más herí.

Debió de ser así,
sin saber bien por qué;
el caso es que sentí

un cierto yo qué sé
al zumbar junto a mí
y no me lo pensé.

Javier Auserd.

Què volem aquesta gent? Lluis Serrahima / María del Mar Bonet.

De matinada han trucat,
són al replà de l’escala;
la mare quant surt a obrir 
porta la bata posada.
Què volen aquesta gent 
que truquen de matinada?

El seu fill que no és aquí
n’és adormit a la cambra.
Que li volen al meu fill?
El fill mig és desvetllava. 
Què volen aquesta gent 
que truquen de matinada? 

La mare ben poc en sap 
de totes les esperances 
del seu fill estudiant 
que ben compromès n’estava. 
Què volen aquesta gent 
que truquen de matinada? 

Dies fa que parla poc
i cada nit s’agitava.
Li venia un tremolor 
tement un truc a trenc d’alba. 
Què volen aquesta gent 
que truquen de matinada? 

Encara no ben despert 
ja sent viva la trucada 
i es llença pel finestral,
a l’asfalt d’una volada.
Què volen aquesta gent 
que truquen de matinada?

Els que truquen resten muts 
menys un d’ells, potser el que mana,
s’inclina pel finestral,
darrera xiscla la mare.
Què volen aquesta gent 
que truquen de matinada?

De matinada han trucat,
una hora la llei assenyala,
ara l’estudiant és mort 
és mort d’un truc a trenc d’alba. 
Què volen aquesta gent 
que truquen de matinada? 

¿Esta gente qué querrá? 

Llamaron de madrugada.
Toda la casa está en calma.
La madre les sale a abrir
arrebujada en la bata.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

Preguntaron por el hijo.
El hijo duerme en la cama
y al oir las fuertes voces
de golpe se despertaba.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

Lleva días sin hablar,
por las noches se inquietaba
esperando con temor
que una mañana llamaran.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

La madre nunca ha sabido
por lo que el hijo luchaba
y que en la Universidad
su compromiso afirmaba.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

No sabe cómo escapar,
el miedo le torturaba,
después de abrirse la puerta
él caerá por la ventana.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

Hay momentos de tensión
nadie dice una palabra,
la madre que entra después
grita y llora desgarrada.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

Llamaron de madrugada.
La ley una hora señala.
Muerto el estudiante está.
Fue un golpe al filo del alba.
¿Esta gente qué querrá
que llaman de madrugada?

Esta canción está dedicada al asesinato de Enrique Ruano, militante del Frente de Liberación Popular (FeLiPe), después de estar detenido dos días en una comisaría en Madrid, el 19 o el 20 de enero de 1.969 y que produjo un gran movimiento estudiantil en Barcelona y en Madrid.

La letra original es de Lluís Serrahima en catalán y la música es de la mallorquina Maria del Mar Bonet. La versión castellana la cantó Elisa Serna.

Aunque la canción da a entender que a Enrique le tiraron desde su casa, en realidad parece ser que fue desde un piso de la policía al que le llevaron después de dos días de detención y torturas. La confusión con que se conocían las noticias entonces y la prisa por dar una respuesta política y pacífica, como efectivamente se hizo sobre todo en Barcelona, justifican la "licencia poética".

Esta canción me la ha recordado el relato de hoy de Gatopardo (que me ha dado una gran alegría regresando) en su blog personal y en el que tiene en Periodista Digital:
http://blogs.periodistadigital.com/gatopardo.php   y   http://gatopardo.blogia.com

Trackback a su artículo:   http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/15745

 

Fusiles contra el patrón. (Popular).

Fusiles contra el patrón. (Popular).

Ganaron los nacionales,
perdimos los españoles.
Ganaron los capitales
la guerra contra los hombres.
Perdimos los españoles.

¡Ay!, capitán general
de la tierra y el aire,
del aire y el mar.

Las cadenas son de hierro,
de madera el ataud.
Si la guerra trajo muerte
la paz trajo esclavitud.
De madera el ataud.

¡Ay!, capitán general
de la tierra y el aire,
del aire y el mar.

Obreros y campesinos,
fusiles contra el patrón.
Es guerra contra nosotros
la paz de la explotación.
Fusiles contra el patrón.

¡Ay!, capitán general
de la tierra y el aire,
del aire y el mar.

http://utenti.lycos.it/laltraitalia/Internazionali/Stati/Spagna.htm


Incluída en "Canti della Resistenza spagnola" (1.971).
Esta canción tiene ahora sólo un valor histórico y antropológico que debemos revitalizar para no olvidar aquella guerra que, aunque parezca imposible, fue una de las más atroces y dolorosas de la humanidad porque, 70 años después de su inicio, aún no se han esclarecido la inmensa mayoría de los asesinados vencidos ni de los desaparecidos vencidos, ni siquiera se ha dejado investigar con objetividad una aproximación rigurosa a la magnitud de aquella tragedia que se perpetúa porque casi todo el mundo se empeña en seguir mintiendo, manchando, distorsionando, echando tierra encima y obstaculizando los tímidos intentos de las Asociaciones de la Memoria Histórica.

General. Bertolt Brecht/Adolfo Celdrán.

General. Bertolt Brecht/Adolfo Celdrán.

Otra vez se oye hablar de grandeza
(Ana, no llores)
El tendero nos fiará.

Otra vez se oye hablar del honor
(Ana, no llores)
No podemos comer ya.


Otra vez se oye hablar de victorias

(Ana, no llores)
A mi no me tendrán.

Ya desfila el ejercito que marcha
(Ana, no llores)
Ya desertarán.

General, tu tanque es muy potente
aplasta a cien hombres y arrasa el pinar.
General, pero tiene un defecto:
Necesita un hombre que lo pueda guiar.

General, tu avión es poderoso
Vuela como tormenta y destruye la ciudad.
General, pero tiene un defecto:
Necesita un hombre que lo pueda pilotar.

General, el hombre es muy útil,
puede volar, puede matar.
General, pero tiene un defecto:
Puede pensar.
Puede pensar.

http://www.adolfoceldran.com/discos/Silencio/Silencio.html

Poema "General" de Bertolt Brecht, musicado por Adolfo Celdrán en 1.969 en su LP "Silencio", incluído ahora en el CD "Para la libertad" (2.004).

La portada de "Silencio" es un famoso cuadro del pintor Juan Genovés. 
http://www.adolfoceldran.com

Estás algo triste.

Estás algo triste.

http://www.revistarebeldia.org

 Para Ana. 

Estás algo triste
porque es tu cumpleaños
y, gracias a la moda,
cada vez es más duro
envejecer.

Estás algo triste
porque cada disgusto, cada batalla
y cada sobresalto
te han dejado huellas en el rostro,
en los huesos,
en los riñones,
en las rodillas.

Estás algo triste
porque te gustaría
que sucediera el imposible
de estar cada día
un poco más joven.

No estés triste, cariño,
estás muy guapa,
estás viva,
estás con nosotros y además
al tiempo no lo detienen
ni la moda, ni los jóvenes,
ni los Estados Unidos
de América.

Javier Auserd. 

Rosalinda. Luis Pastor.

Rosalinda. Luis Pastor.

Rosalinda, si vas a la playa,
si fueras a ver el mar,
cuidado no se resbale
tu pie de chiquilla  
en la orilla sucia del mar;
cuidado no se resbale
tu pie de chiquilla  
en la orilla sucia del mar.

La blanca arena de ayer
esta llena de alquitrán
las dunas que el viento batía
son de plástico y carbón
y huelen mal como avenidas
las aguas bajan vestidas
de lodo y putrefacción,
hay aves que van heridas
y otras no ven más el sol.

Pero en verdad, Rosalinda,
en fábricas que allí ves
el obrero aun logra respirar
envenenándose al tragar
lo más letal de esta avidez.
Pues los que mandan en el mundo
sólo piensan en ganar
incluso matando a aquél
que se muere de no trabajar.

Ten cuidado, Rosalinda,
si vas a la playa,
si fueras a ver el mar
cuidado no se resbale
tu pie de chiquilla
en la orilla sucia del mar;
cuidado no se resbale
tu pie de chiquilla
en la orilla sucia del mar.

La blanca arena de ayer
esta llena de alquitrán
las dunas que el viento batía
son de plástico y carbón
y huelen mal como avenidas
las aguas bajan vestidas
de lodo y putrefacción,
hay aves que van heridas
y otras no ven más el sol.

Pero en verdad, Rosalinda,
en fábricas que allí ves
el obrero aun logra respirar
envenenándose al tragar
lo más letal de esta avidez.
Pues los que mandan en el mundo
sólo piensan en ganar
incluso matando a aquél
que se muere de no trabajar.

Ten cuidado, Rosalinda,
si vas a la playa,
si fueras a ver el mar
cuidado no se resbale
tu pie de chiquilla
en la orilla sucia del mar;
cuidado no se resbale
tu pie de chiquilla
en la orilla sucia del mar.

Y en Valdecaballeros
van hacer una central
que para algunos es nuclear
mas para muchos es mortal.
Veremos peces flotando
apestados y sin vida
está sin vida el pescador
muere la trucha y el salmón
"esto es civilización",
así ha hablado un señor.

Ten cuidado, Rosalinda,
si vas a la playa,
si fueras a ver el mar
cuidado no se resbale
tu pie de chiquilla
en la orilla sucia del mar;
cuidado no se resbale
tu pie de chiquilla
en la orilla sucia del mar.

Si en el año 1.977, cuando Luis Pastor compuso y grabó esta canción, ya estaban así las playas y no han mejorado, sino que han empeorado, imaginad cómo estamos en este tema (como en tantos otros).
La Madre Tierra está empezando a responder a nuestras (las de los poderosos) agresiones y, como siempre, pagaremos justos por pecadores.
Si cogiéramos a esos pecadores (parezco Chiquito de la Calzada) y les hiciéramos pagar sus delitos y limpiar las playas que han manchado y arreglar tantos y tantos otros crímenes que han cometido, otro gallo cantaría.
Como eso no va a ser así, disfrutemos de lo (poco) limpio que nos queda ... mientras nos quede.

(Foto: Tareas de limpieza de una playa contaminada por el "Prestige").

Tiempo y silencio. Pedro Guerra.

Tiempo y silencio. Pedro Guerra.

http://www.goear.com/listen.php?v=26c732b 

Una casa en el cielo
Un jardín en el mar
Una alondra en tu pecho
Un volver a empezar

Un deseo de estrellas
Un latir de gorrión
Una isla en tu cama
Una puesta de sol

Tiempo y silencio
Gritos y cantos
Cielos y besos
Voz y quebranto

Nacer en tu risa
Crecer en tu llanto
Vivir en tu espalda
Morir en tus brazos

Canción escrita por Pedro Guerra para Luis Pastor pero tambien está interpretada por él mismo junto con Cesaria Evora en el disco de ésta: "Sao Vicente di Longe".
Está también incluída en el reciente album "Contaminados".

(Foto: Cesaria Evora).

Graves inundaciones en el Sáhara, nieve en Nueva York (Noticia pobre, noticia rica).

Graves inundaciones en el Sáhara, nieve en Nueva York (Noticia pobre, noticia rica).

Es posible que el periodismo lo hagan los periodistas, pero, al final, en las noticias que se publican mandan los empresarios. Es una perogrullada, pero conviene recordarlo de vez en cuando.
Como en todo, hay noticias ricas y noticias pobres. Tomemos como ejemplo la reciente nevada en Nueva York, que ha sido noticia profusamente emitida por los medios norteamericanos y de la que se han hecho eco el resto de medios mundiales. No ha tenido apenas consecuencias más allá de unas pocas molestias rápidamente solventadas.
Tomemos ahora las inundaciones en los Campamentos de Refugiados saharauis de Tinduf por unas lluvias torrenciales que han durado cuatro días. Tampoco ha habido muertos, pero sí heridos, numerosas desgracias personales y 12.000 familias (unas 68.000 personas) afectadas y la mitad de las ya precarias construcciones tumbadas. Sin embargo, más allá de los llamamientos de la R.A.S.D., de la Media Luna Roja saharaui o de la Cruz Roja internacional, apenas ha tenido eco mediático.
Sí, el gobierno y el pueblo argelino han ayudado inmediatamente. Sí, la Agencia Española de Cooperación Internacional ha mandado un avión. Pero yo me refiero más al impacto mediático, que ha sido casi nulo fuera de los círculos prosaharauis habituales.
Yo me he desgañitado mandando fax y correos electrónicos con la noticia a los medios de la ciudad donde vivo y no me han hecho ni puto caso (con perdón), mientras rellenan su programación con auténticas chorradas como el tamaño de la cornamenta de los machos cabríos o con el día de los enamorados (¡¿tendrán algo que ver?!).
Aunque esto otro no tenga nada que ver, me viene a la mente el poema de León Felipe "¡Qué pena!" al que, recuerdo que, puso música Adolfo Celdrán en su doble LP "León Felipe y sus intérpretes" de 1.976 y dice así:

¡Qué pena si este camino fuera de muchísimas leguas
y siempre se repitieran
los mismos pueblos, las mismas ventas,
los mismos rebaños, las mismas recuas!

¡Qué pena si esta vida tuviera
- esta vida nuestra -
mil años de existencia!
¿Quién la haría hasta el fin llevadera?
¿Quién la soportaría toda sin protesta?
¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas
¡y los mismos poetas!

¡Qué pena, que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!
(De "Autorretrato")

En fin, lo dicho: ¡qué pena!

Javier Auserd.

(Foto:  Estado de la escuela "27 de febrero" http://www.spsrasd.info/sps-s110206.html#2 )

 

Mi chica.

Para Ana. 

Mi chica es la más guapa.
Cuando todo se nubla, ella trae la luz.
Cuando todo se tuerce, ella lo endereza.
Cuando todo se oscurece, ella lo ilumina.
Cuando todo se derrumba, ella lo apuntala.
Cuando todo se agota, ella lo repone.
Cuando todo se acaba, ella lo reimpulsa.
Cuando todo se disfraza, ella lo descubre.
Cuando todo se ensucia, ella lo limpia.
Cuando todo se estropea, ella lo arregla.

Es dulce como la miel y dura como el hierro.
Si me pongo tonto, me regaña, de buenas maneras.
Si me pongo insoportable, me soporta, con firmeza,
pero no deja que me pase de rosca.

No es mía, aunque yo le digo así, para entendernos,
pero tenemos mucho en común, de todo tipo,
y toda una vida por detrás (y por delante).

Hemos cruzado selvas y bordeado precipicios.
Hemos estado a punto de caer miles de veces.
Hemos estado caídos y nos hemos levantado.
Ese es el secreto para asegurar
que mi chica es la más guapa ...
del mundo.

Javier Auserd.

Remedo de Quevedo.

Abrí Abril buscando sensaciones
refrescantes de lluvia en la cabeza,
y lo que me topé fue la dureza
del tiempo golpeando corazones.

Abriendo meses fui, a borbotones,
como si fueran fruta en la tibieza
madura que encaja en cada pieza,
mas sólo descubrí desilusiones.

Ya queda poco, amigo, y yo no quiero
amargarte con lúgubres augurios
sobre que la vida es un trago fiero.

Nacemos con dinero o sin dinero
y al final de todo este tugurio
salimos como "pies para qué os quiero".

Javier Auserd.

Yo no sufrí. Pablo Neruda.

Yo no sufrí. Pablo Neruda.

¿ Pero tú no sufriste ? Yo no sufrí, yo sufro
sólo los sufrimientos de mi pueblo, yo vivo
adentro, adentro de mi patria, célula
de su infinita y abrasada sangre.
No tengo tiempo para mis dolores.
Nada me hace sufrir sino estas vidas
que a mi me dieron su confianza pura,
y que un traidor hizo rodar al fondo
del agujero muerto, desde donde
hay que volver a levantar la rosa.


Cuando el verdugo presionó a los jueces
para que condenaran
mi corazón, mi enjambre decidido,
el pueblo abrió su laberinto inmenso,
el sótano en que duermen sus amores,
y allí me sostuvieron, vigilando
hasta la entrada de la luz y el aire..
Me dijeron: << Te debes a nosotros,
eres la que pondrá la marca fría
sobre los sucios nombres del malvado>>.


Y no sufrí sino no haber sufrido.
Sino no haber recorrido las oscuras
cárceles de mi hermano y de mi hermano,
con toda mi pasión como una herida,
y cada paso roto a mi rodaba,
cada golpe en tu espalda me golpeaba,
cada gota de sangre del martirio
resbaló hacia mi canto que sangraba.

De "Canto general" (me parece). 

Dedicado a la activista saharaui de los Derechos Humanos, Aminetu Haidar.
(Gracias a Luis Miguel del Valle).

La imagen es de http://poemariosahara.blogspot.com

 

Me volveré malo.

Me volveré malo.

Infierno de la tabla "El jardín de las delicias" de Hyeronimus van Aken (El Bosco).

Cuando me dan ganas de volverme malo, por culpa de los golpes de la vida y de las puñaladas de la gentuza (entre ellos algunos ex-amigos), me viene siempre a la mente aquella estrofa del Don Juan Tenorio que dice:

"Clamé al cielo y no me oyó
y, pues sus puertas me cierra,
de mis pasos en la tierra
responda el cielo, y no yo".

Hasta ahora, apenas he conseguido más que defenderme, pero cuando un día de estos me vuelva verdaderamente malvado, idearé el crimen perfecto lo ejecutaré y que responda el cielo.
Entretanto, la gentuza que me ataca sin motivo conocido, puede seguir tranquila (¿o no?): yo no he roto un plato en mi vida, aunque ... sí doy fe de que soy capaz de matar moscas cuando es preciso.
De modo que ... nunca se sabe.

Javier Auserd.

El errante. Daniel Madrid.

Los guerreros le persiguieron montaña arriba. El hombre pintado, ya herido, salió casi de noche y subió, subió. Iba jurando en su extraña lengua, la misma que empleó la primera vez que llegó junto a ellos. La misma que usaba cada año cuando pasaba tras el cambio de estación, sin que nadie pudiera decir de dónde venía ni a dónde se dirigía. Le recibieron bien la primera vez. "Quizá - pensaron - podamos cambiar con él algunas esas de hachas de metal". Herramientas duras y también temibles armas. No fácilmente al alcance de rudos ganaderos de la zona alta.

Aceptó el alimento que le dieron, descansó un día y se fue. Las nieves se adelantaron extrañamente. Una noche comenzó una fuerte tormenta que los sorprendió con mucho ganado pastando en los prados más elevados, donde aún quedaba hierba verde incluso después de un caluroso verano. Perdieron la mitad del rebaño y dos hombres jóvenes murieron tratando de rescatar a los animales.

Aquél invierno fue duro, algunos enfermaron y dos niños murieron de hambre, se fueron apagando despacio entre fuertes dolores sin que nadie pudiera evitarlo.

Al año siguiente, el pintado regresó. Les vendió hachas pero no quiso lana o animales a cambio. Les mostró un hongo y todos trabajaron durante días para llenar de esos hongos un apretado fardo para pagar al buhonero.

A su marcha, antes de que cambiara la luna, una mujer tuvo un aborto. Después pasaron casi un mes cercados por una manada enorme, increíble, de lobos hambrientos y muy feroces, que se cobraron la vida de un hombre y varios perros antes de retirarse.

En primavera llegaron gentes del valle. Hubo pelea y, gracias a las hachas, los montañeses resultaron vencedores. Debían de traer alguna enfermedad, tal vez por eso se arriesgaran a subir donde subían pocos. Murieron varios del grupo con la frente ardiendo y los ojos extraviados. Muchos se salvaron aunque quedaron débiles y se necesitó un gran esfuerzo para recuperarlos.

En otoño le vieron llegar por el camino que solía. El jefe receló. “Aquél hombre – dijo – atrae la desgracia como un manantial a un sediento”. “Escondeos todos. Yo le daré comida y le despediré. Subid a las piedras que forman muralla y esperadme”.

Aguardaron dos días y, después, un par de muchachos bajaron para encontrar al jefe con el hombre pintado, sentados, sin hablar, mirando al valle. A la mañana siguiente, no encontraron al extraño y tampoco al jefe. Al final del otoño encontraron a dos pastorcillos de pocos años acurrucados en unas rocas y paralizados por el miedo. Cuando volvieron a hablar aseguraban haber visto al jefe caminar por el poblado susurrándole al ganado. “Estaba muy blanco – decían – y tenía los ojos rojos como la sangre”.

Volvió dos años más, aunque ya no pudo acercarse a nadie porque le esperaban y le alejaban a pedradas. Y aún rondaba algunos días, como enloquecido. Días de miedo y vigilancia como los de los lobos, con las mujeres y los niños escondidos y los guerreros vigilando cada rincón. Cada vez que él se acercó, cada año que le vieron, acudieron tras él la muerte, el hambre, la enfermedad, el miedo. El tercer otoño después de la marcha del viejo jefe, su hijo, el nuevo, ordenó acumular víveres en las piedras de arriba, envió allí a casi todos y él mismo, con dos cazadores, bajó a esperar al errante. No tardó en llegar y, cuando lo vieron, salieron tras él. Le apalearon, le golpearon, escapó. Corría bien y sabía defenderse. Fuerte y decidido, como un jabalí acorralado. Cegado por la herida y muy peligroso. Así que decidieron no acercarse. Le fueron ganando terreno y al poco de la media noche, junto a una roca, le mataron con una flecha, trataron de escuchar su respiración para comprobar que estaba bien muerto y volvieron sobre sus pasos.

El doctor Kléber apagó el ordenador y tomó su carpeta. Quizá publicaran en portada su artículo sobre la excavación que estaba haciendo en los Alpes italianos. Un hallazgo curioso, una sima llena de huesos con esqueletos completos de hombres, mujeres, niños y animales con marcas de golpes. Cráneos fracturados, restos de heridas de arma blanca. Casi cinco mil años de antigüedad. Del mismo período, basándose en la orientación y estrato geológico y teniendo en cuenta el posible desplazamiento de los restos, con un porcentaje extraordinario de coincidencia en la prueba del Carbono 14. Se permitió titular: “Una masacre de la prehistoria. Alguien llegó – concluía - y mató a todo el asentamiento”. Sin robar ganado ni mujeres, nada. No fue un saqueo, acabaron con todos y los echaron a un agujero. Tal vez por el control de los pastos o por una venganza. Tal vez llegó hasta allí alguna lucha tribal en la que trataban de ajustar cuentas pendientes. Motivos no muy alejados de los que desencadenan matanzas hoy día. Bajó al aparcamiento y fue hacia el coche, al acercarse vio al mismo mendigo que llevaba viendo últimamente. Se colaba al anochecer y se tumbaba a dormir en el rincón más oscuro del parking. No era extraño que nadie se hubiese dado cuenta, pensó. Sólo su plaza estaba lo suficientemente cerca como para distinguir a simple vista al hombre, echado en el suelo y tapado con cartones. Al fin y al cabo, sólo había un vigilante por la noche. Y nunca salía de la garita. Vive y deja vivir, pensó el profesor. Miró el reloj y llamó por teléfono para avisar que llegaría en 20 minutos a la conferencia que tenía que impartir. Era sobre el hombre de los hielos, un descubrimiento arqueológico en el que colaboró diez años atrás y que le había valido fama y reconocimiento. Y después se subió al coche y arrancó, las luces iluminaron al vagabundo un momento, y el doctor pudo ver los extraños tatuajes en su cara mientras el Audi enfilaba la curva de salida del garaje. Tuvo una idea extraña, casi una visión, se imaginó al mendigo corriendo montaña arriba vestido como en la edad de piedra y, casi al momento, pensó en una pira ardiendo, echando humo denso y graso. Y por un segundo sintió miedo, pero lo espantó con un suspiro. “Vaya – pensó – no hay nada que vacune contra las superstición, voy a terminar creyendo en nuestra propia leyenda urbana”. Sonrió entre dientes y conectó la radio. El hombre del tiempo decía muy convencido que este año se adelantaba la temporada de nieve.

Llegó con tres heridas. Miguel Hernández.

Llegó con tres heridas. Miguel Hernández.

Retrato que le hizo Buero Vallejo en la cárcel.

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.

Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.

De "Cancionero y romancero de ausencias" (1938-1941)

Miguel Hernández es uno de mis poetas favoritos. Por muchas razones. Porque me llega al alma, porque fue autodidacta y se forjó a sí mismo (aunque, como es lógico, leyó mucho, pues de lo contrario es imposible escribir), por la perfección también formal de la mayoría de sus poemas, por la vida que le tocó vivir y que enfrentó con valor ... Por muchas razones. Y creo que uno de los mejores homenajes que podemos rendirle es recordarle siempre para no olvidarle nunca y para que así nunca muera un poeta tan humano, un hombre tan humano, un ser humano, un ejemplo.