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La cueva del dinosaurio

El buen chiflado.

El buen chiflado.

Uno.
-No hay nada peor en esta vida que un malvado, ¿no cree?
-Sí. Sí que lo hay, profesor.
-¿Quién?
-El buen chiflado.
-Y ¿quién es “el buen chiflado”?
-Un malvado que se hace el tonto sobre sí mismo creyéndose más listo que nadie. Un psicópata sin sentimientos ni emociones, sin humanidad. Es el malvado perfecto porque quiere hacer creer que él es bueno y son los demás los impuros, los imperfectos, los tontos. Y cuanto más se lo cree él mismo, peor está su mente. En su mente anida un gusano que va devorando las pocas o muchas nociones de bondad que haya sido capaz de coleccionar anteriormente. Y las sustituye por coartadas.
-Pero, todo el mundo crea coartadas, sin ellas sería imposible soportar vivir.
-Sí, pero no todo el mundo las utiliza para esconder actos atroces. Algunos, incluso, nunca realizan actos físicamente atroces. Son pequeñas corrupciones, pequeñas maldades, pequeñas mentiras, pequeños engaños, pequeñas … “putadas”. Si las circunstancias les ponen delante un asesinato, no dudarán, pero si no, pueden morirse de viejos sin cometerlo y haber sido más canallas que Satanás. En realidad creo que hay asesinos mejores que psicópatas que no han llegado a serlo. Al menos, más honestos.
-¿Sí?
-Eso creo.
-Pero eso es una creencia muy peligrosa. ¿Lo sabe?
-Lo sé.
-¿Es consciente de eso?
-Sí.
-¿De lo peligroso que resulta pensar eso?
-Sí.
-Entonces, ¿por qué la sigue sosteniendo?
-Porque es la verdad.
-En todo caso será “su” verdad.
-Touché, profesor. Pero es “una” verdad que yo he descubierto.
-Está bien, Adrián, seguiremos hablando.
-No pienso irme, profesor. Aquí, por fin, estoy bien y eso es algo que no podía decir desde hace mucho tiempo.
-Eso espero, Adrián. Eso espero.

Dos.
-Hábleme más del “buen chiflado”, Adrián. ¿Ha conocido a muchos?
-Sí, profesor, sobre todo mujeres.
-Me sorprende usted, Adrián, no le creía machista.
-Eso no es machismo, profesor, es un hecho. La inmensa mayoría de las mujeres son ángeles, pero entre las pocas que no lo son, algunas son psicópatas. Así como los hombres malvados somos, en general, gorilas agresivos llenos de vanidad que podemos desembocar en el asesinato, esas pocas mujeres responden más al tipo psicopático del que estamos hablando: “el buen chiflado”. El “buen chiflado” es, casi siempre una mujer. El buen chiflado, como le he contado otras veces, pasa desapercibido como si fuera una persona normal. Es un ser sociable, incluso simpático. Pero no empático, claro. Nunca. Aunque camufla muy bien esto mintiendo.
-Y ¿cómo miente?
-Finge.
-¿Finge?
-Finge sentimientos. Se los inventa. Como no los siente, se los inventa.
-Y ¿cómo lo consigue?
-Se fija en los demás. Es muy observador y está siempre al acecho, observando cómo expresan sus sentimientos los demás. Y los imita. Para que parezca que él (ella) también tiene sentimientos y los … expresa. Pero, en realidad, los interpreta.
-Hm, hm. Interesante.
-¿Interesante? No, profesor, yo lo encuentro monstruoso. Por eso estoy aquí, como usted sabe, para no exterminarlos a todos.

Tres.
-Pero, hombre, Adrián, con los años que lleva aquí y no quiere, al menos salir al jardín a que le de el aire.
-No, profesor, gracias. No se empeñe. Ya tomé aire suficiente para todo lo que me quede de vida cuando estaba fuera. Usted cumpla con su parte del trato y yo le sigo ayudando. ¿Qué quiere saber hoy?
-Hay un nuevo psicópata que firma sus crímenes con un tridente.
-¿Con un tridente?, ¿asesina con un tridente?
-No, no. Me he expresado mal. Pinta un tridente pequeñito con rotulador en la axila de sus víctimas después de matarlas.
-¡Ah!, ya.
-¿Le suena?
-¡Claro! No es nuevo.
-¿Qué no es nuevo? Yo no recuerdo …
-¡Sí, hombre! Es que sus primeras víctimas fueron animales. ¿No recuerda hace unos siete años en Gamonal?
-¡Mendoza!
-Mendoza. Y ¿a cuantas ha matado?
-¿Cómo sabe que son mujeres si no se lo he dicho?
-Acaba de hacerlo ahora mismo.
-Adrián, Adrián. ¡Siempre tomándome el pelo!
-No, profesor, no. Dependo demasiado de su amabilidad como para permitirme ese lujo. Usted me libra de mis fantasmas manteniéndome aquí dentro evitando así que yo asesine a mansalva y yo le ayudo a resolver algunos casos. Pero recuerde que no soy Lucifer: no lo sé todo.

Cuatro.
-Pero, profesor, ¿cómo sigue teniendo a este paciente suelto?, es peligrosísimo.
-¿Usted cree?
-Por supuesto, ¿no le oye usted hablar sobre asesinatos, perversiones, masacres, psicopatías, como si tal cosa, pretendiendo, encima, darle lecciones a usted?
-Escuche, Ramírez, yo ya estoy jubilado y vengo por aquí para entretenerme. No tengo prestigio que conquistar ni mantener y todo me importa ya un pimiento. Por eso puedo confesarle, tranquilamente, una cosa que, por supuesto, negaría habérsela dicho nunca.
-Le escucho, profesor.
-Ese hombre no es tan peligroso para los demás como para sí mismo.
-¡¿Cómo?!
-Y además es inteligente.
-¡Pero, profesor … ¡
-Y, encima, tiene más razón que un santo y me ha ayudado con sus comentarios en muchas de mis investigaciones.
-¡No!
-Y si adopta ese aire provocador y sabihondo, como si fuera él el psiquiatra, es para cabrearme y que no le demos el alta.
-Pero ¿qué me dice, profesor?, si está como una cabra.
-Eso es lo que quiere que creamos y hasta ahora lo está consiguiendo. Que no me entere yo de que usted lo estropea. Prométame que va a seguirle siempre la corriente cuando yo ya no venga ni pinte nada en esta clínica. Prométamelo.
-Se lo prometo, profesor. Además la Fundación es suya y de sus herederos.
-Bien. Pues ya lo sabe. No vamos a hacerle la putada de echarle a la calle a estas alturas. No tendría a donde ir. Y, bien mirado, es inadmisible que se crea tan listo y pretenda darnos lecciones, ¿no cree?
-Por supuesto, profesor. Lo que usted diga.
-Ay, Ramírez. Lo que yo diga tiene cada vez menos importancia.

Javier Auserd.

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5 comentarios

Gatopardo -

Bueno, no tantas hostias como nos desean... y a cambio, ¡lo que nos divertimos!

Dinosaurio -

¡Cómo no voy a comprenderte, Gata, si a mí me pasó lo mismo! No recuerdo si era Malaparte (en La piel) o tu admirado Camus (en La peste), o ambos, quienes describen cómo salen los cobardes como ratas de sus escondrijos al paso de los libertadores.
Lo que pasa es que cuando vas por delante ... te llevas todas las hostias.
Un beso.

Gatopardo -

No, Javier, si yo te comprendo, pero compréndeme tú a mí también: pasa ahora con las mujeres como cuando volví del exilio y me encontré con que había cuarenta millones de antifranquistas que yo no había visto nunca: y de pronto, sin transicción, todas las mujeres son abanderadas luchadoras por la dignidad de las mujeres, y hay tan tremenda reivindicativa, sintiéndose víctimas con frenesí, que a mí que soy feminista desde que nací, un poco cafre, vale, es verdad, pero da la casualidad de que no me ha tosido nunca un hombre, y más bien tengo que agradecerles su paciencia, cariño, ternura, amistad, fraternidad, complicidad, como que me tienen hartisima esas quejicosas susceptibles, más pesadas que una mierda en un hombro.
Pues eso, que alguien ha de ir diciéndolo ya, y me ha tocado a mí.
Un abrazo

Dinosaurio -

Pero Gata, aunque a tu inteligencia no tenga que echarle azúcar, déjame alguna concesión al "electorado" femenino (cada vez más influyente).
¡Eres demasiado tremenda!
Ah, lo intentaré.
Un beso.

Gatopardo -

Me gustaría saber qué más piensa ese loco, porque hasta el momento me parece que no anda desencaminado.
¿Seguirás contándolo?
Pero eso de que la mayoría de las mujeres son ángeles... no te lo crees ni harto de vino.
Un abrazo
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