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La cueva del dinosaurio

Estado liberal, Estado socialista.

Estado liberal, Estado socialista.

Ya sé que no va a resultar nada bienvenido (ni fácil de expresar) lo que voy a decir. Y vayan por delante mis condolencias a todos los afectados y mis deseos para que se solucionen rápidamente sus problemas. Pero dicho esto, digo también: ¡cómo somos los seres humanos!
Queremos un Estado "liberal" (simplificando mucho y saltándome todos los manuales sobre las formas de estado y de gobierno al uso) que nos garantice todo tipo de libertades: las libertades políticas, sindicales, de reunión, asociación, manifestación, huelga, de movimiento, de expresión, de credo, de culto, de mercado, de movilidad de capitales, libertad de empresa, libre comercio, despido libre, etc. etc. y que el Estado intervenga lo menos posible y no meta sus narices en nuestros asuntos, sobre todo, económicos. Eso es, a grandes rasgos, la democracia occidental estadounidense: el libre mercado, el reino soberano de la empresa privada, las facilidades absolutas para su amplio desarrollo y que campen a sus anchas y largas sin trabas de ningún tipo (especialmente éticas y morales).
Pero, ¡amigo! ¿y cuando algo falla, como en Air Madrid, como en Afinsa y Forum Filatélico, Gescartera y millones de ejemplos más? ¡Ah, sí! Entonces, que el Estado se vuelva "socialista" (vuelta a la simplificación lingüística e ideológica por razones de espacio) e intervenga en nuestra ayuda. Porque entonces (y sólo entonces) "para eso tiene que estar papá Estado, para solucionarme los problemas creados por las empresas privadas". Ah, ¿y la libertad de empresa, de mercado, de libre comercio?, ¿dónde quedan entonces las responsabilidades de las compañías?, ¿es que las empresas sólo son libres para lucrarse, estafar e incumplir sus compromisos, pero para hacer frente a las bancarrotas, quiebras fraudulentas, estafas y demás desaguisados del "libre mercado", para eso tiene (de golpe) que estar el Estado? Yo creo que no, pero parece ser que sí.
Hasta los cínicos e hipócritas ideólogos ultraliberales, arremeten entonces contra el Estado (dependiendo del partido que esté en el gobierno, naturalmente) para que intervenga en auxilio de los estafados y, con el dinero de todos (porque el Estado sí que somos todos y no sólo Hacienda), "tome cartas en el asunto". Pero ¿en qué quedamos?
Pues quedamos en eso: que mientras todo va bien que el Estado (como ente abstracto y ajeno a los ciudadanos) se vaya a la mierda y nos deje en la paz de los buenos porcentajes o de las gangas sospechosas, pero que cuando una empresa privada falle, venga el Estado-padre (bajado de su nube y concretado ahora en el dinero de cada ciudadano) a solucionarlo. ¡Amigo, qué listos somos!
Ya sé que es mucho más complejo de cómo lo expongo, ya sé que hay pequeños ahorradores, ciudadanos de buena fe, gente pobre (ahora se dice de pocos recursos), afectados y atrapados, a los que hay que dar una solución rápida. Sí. lo sé. Lo comprendo, lo siento y yo sí que creo que el Estado ciudadano (no padre, ni hijo, ni Espíritu Santo) tiene que intervenir, pero para todo: para proteger a los trabajadores del abuso patronal, para proteger a los consumidores del abuso comercial, para proteger a los desfavorecidos del abuso liberal, para proteger a las víctimas de los abusadores y delincuentes de cualquier tipo, para proteger a las mujeres, a los ancianos, a los niños, a los enfermos, a los discapacitados, a los jóvenes, a los parados, a los animales, a los afectados de fraudes y estafas, pero también para detener a los delincuentes y poner todos los medios necesarios para que una justicia profesional apartidista, eficaz, eficiente y honrada, los juzgue, se apelliden como se apelliden o hayan acumulado la desvergonzada fortuna que hayan conseguido, los condene y los encarcele para que cumplan íntegramente su condena y se desarrollen los mecanismos que garanticen que todo su patrimonio (escamoteado y no) va a resarcir a sus víctimas.
Yo sí que creo que el Estado debe intervenir sin contemplaciones, ipso facto, expropiando el patrimonio de Air Madrid (por ejemplo), procediendo judicialmente contra la aerolínea y desplazando una oficina judicial a los aeropuertos para recabar datos y, en cuestión de horas, devolver el importe a los clientes, y que luego éstos, además, demanden a la empresa por daños y perjuicios, aunque eso hiciera poner el grito en el cielo a los teóricos de la libertad absoluta de la empresa privada.
Eso es lo que yo (ingenuamente) creo. Entretanto, lo siento por los afectados, pero no se puede pedir una cosa en unas circunstancias y la contraria en otras. Aunque sólo sea por una cosa extrañísima y olvidada que se llama: coherencia.

Javier Auserd.

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2 comentarios

Dinosaurio -

Comprendo tu rechazo ideológico al Estado y lo respeto.
Aunque yo me refiero más al hecho consumado de que somos "Estado" a la hora de pagar los platos rotos de todo.
Besos.

Hannah -

Bueno, no me incluyo en ese "todos" que quieren un Estado, eso ya lo sabes tú, mi querido Dinosaurio, pero, excepción hecha de esa salvedad utópica mía, suscribo tu artículo completamente.
Un abrazo entrañable.
Hannah
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