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La cueva del dinosaurio

Acardio.

Acardio.

http://www.elpais.com

Os presento el rostro (dicen que espejo del alma) deformado de un presunto monstruo fuera de su cubil. Se hace llamar Thierry. Yo le llamo Acardio (sin corazón). Parece ser que ordenaba, eso sí, más tranquilo y compuesto, sin despeinarse, asesinatos y explosiones donde han muerto seres humanos indefensos y desarmados. Hay que probarlo, claro, pero (siempre presuntamente), creo que es todo un "héroe", referente de alguna pretendida "nación". Por nada del mundo quisiera yo pertenecer a una "nación" así, cimentada sobre la sangre de tantos inocentes. Claro que ... ¡hay gente pa' to!, ... con mucho estómago, vamos.

Javier Auserd.

6 comentarios

Dinosaurio -

Hannah, Jospin, Sak, Pau, Mela, gracias por venir y por opinar.
Abrazos.

Mela -

Visto así, parece patético. Pero su rastro es sangrante.

Espero, presuntamente, que arda en el interior de la cárcel por todos los años venideros. Y que nosotros lo veamos.

Beso.

pau -

Pues imagínate una nación con Arcadio de ministro de cultura o exteriores, por poner un ejemplo. Aunque bien mirado nosotros igual somos producto de otro Arcadio de hace mil años.
Vete a saber.

Sakkarah -

TRiste nación si se cimenta sobre sangre, sí...

Un beso.

Jospin -

El tipo debería llamarse Therry, como el coñac de garrafa. De niño me gustaba pintar dientes negros y cosas así a la gente de las fotos de las revistas. A este le hubiera pintado uno, y una colilla humeante de ducados en la comisura, o un palillo mordisqueado y un lapiz en la oreja. Se parace a un tipo llamado Epi que conocí una vez. Hay que joderse con esta gente. Espero que pase unos cómodos años alojado en el excelente sistema galo de prisiones, preferentemente en la carcel de Marsella. Estoy seguro de que cuando vuelva crecerá su aprecio por España. Uno menos.

Hannah -

¡Ay, Dinosaurio de mi alma! Mucho me temo que si nuestro nacimiento hubiera estado supeditado a la condición de haber acaecido en una nación libre de "acardios" y de suelos regados de sangres inocentes, nos hubiéramos quedado sin nacer...
Un entrañable abrazo
Hannah