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La cueva del dinosaurio

Redes sociales.

Redes sociales.

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Aventuras Caseras Asociadas (A.C.ASO.), presenta: Cap.II


Y con estos y otros agradables pensamientos, me quedé dormido sobre la mesa del despacho en una posición de semidecúbito prono de lo más incómoda.

Al despertar, la cruda realidad se me vino encima de golpe, en concreto sobre la cabeza, el cuello, los hombros y los riñones. Y, aunque me desperecé todo lo que pude, no conseguí algo de alivio hasta después del desayuno con paracetamol que me tomé en el bar de la esquina, casándome, constantemente, en Siberia, según mi ya aburrida costumbre. Antes había entrado en los abandonados y cochambrosos servicios de la planta del edificio del despacho, me lavé las manos y la cara, me peiné los cuatro pelos mal contados con los dedos mojados y mi sempiterna y práctica mala barba de diez días me evitaba el tedioso ejercicio del afeitado. Al salir, farfullé una nueva excusa por no haber pagado e hice sinceros propósitos de pagarle pronto el alquiler al administrador con el que me crucé en el pasillo, mientras le regateaba. Luego me fui al bar a desayunar.
Así que, saliendo del bar, chasqueé el cuello unas cuantas veces y me largué pitando para la Comisaría donde no sólo me conocían de sobra sino que estaban aburridos y hartos de verme pulular como Pedro por su casa. Entré en el despacho del comisario (no Miranda, sino Ortega) y le tiré a la mesa el sobre con el dinero y una nota explicativa que había redactado anoche, antes de quedarme frito como un ceporro sobre la mesa. Ahora ya sólo me quedaba el problema de pillar a mi cliente en un renuncio, lo del suicida del mensaje de Internet y tres o cuatro casos menores bastante empantanados.
Crucé la calle y chispeaba lo que aproveché para peinarme un poco mejor y alisar mis ropas arrugadas. Me tomé un carajillo donde la Loles, que fue a engrosar la cuenta anual, le mangué un gratuito a Genaro, el quiosquero, para que me pudiera gritar, como siempre, que cualquier día me iba a dar tres bofetadas por tirarle unas revistas y hacerle salir a colocarlas. “Así estiras las piernas” le decía yo a mala leche, porque era parapléjico. Ya no llovía. Ahora hacía frío y me dolían las articulaciones, sobre todo las de las piernas: castigo divino por reírme del Gena. Recordé que me había invitado Charli a comer y eso me alegró algo el día, porque Charli tenía buen gusto para la mesa, para la conversación y, además, tenía dinero, justo lo que yo no tenía. Lo malo es que me tiraba los tejos y yo no me dejaba, de momento. ¡Porca miseria!
Mientras hacía tiempo volví a llamar a Halien que seguía teniendo el móvil apagado o fuera de cobertura. No era extraño en él, pero me seguía teniendo en ascuas porque cualquier día era capaz de ejecutar su amenazas, hasta entonces, incumplidas, de matar a alguien o suicidarse o primero una cosa y luego la otra.

Nos vimos en el Pereira. Como siempre, me hizo esperar un buen rato porque a Charli le gustaba hacerse de rogar, pero no me importó, él pagaría los vermouths con unas anchoas y unos boquerones en vinagre excelentes con los que me entretuve esperando.
Al fin apareció con su sonrisita de niño malcriado y su chaleco de fotógrafo de guerra, repartiendo afables y simpáticos saluditos entre la concurrencia. Pasamos directamente al reservado permanente que mantenía allí Charli, atacamos los entrantes de jamón de Guijuelo, lomo, chorizo, croquetas y calamares y luego ya vino una sopita castellana. Después de las tonterías de rigor, Charli, que estaba preocupado, entró en materia.

-Verás, resulta que me registré en Facebook y empecé a enredar buscando a los antiguos compañeros de colegio. Y di con varios.
-Ah, pues muy bien, ¿no?
-No.
-¿Y eso?

Terminamos la sopa castellana y nos trajeron el solomillo de ternera a la pimienta, que estaba para chuparse los dedos (y a fe que fue lo que hice).

-Pues, uno de ellos es ahora un drogadicto que está en la cárcel por matar a su madre. Otro es un esquizofrénico que cuando deja de tomarse la medicación se pone agresivo e intenta matar a cualquiera. Y el tercero …
-¿Sí?
-El tercero es un mafioso que quiere que trabaje para él … después de “limpiarme” todo. Comprends vous?
-Parfaitement, mon ami.
-Pues eso.
-¿Y?
-Quiero que le … persuadas.
-¡Ja, ja, ja! ¡Qué fino!
-Calla, hombre. No seas bestia.
-¡Si es que …! Si es que eres un cachondo. De manera que llego … y le “persuado”. Así, como si nada.
-No, hombre. Ya me figuro que tendrás que trazar un plan.
-Sí. Desde luego: terminar el postre y salir pitando de aquí, antes de que “tu amigo” me haga picadillo “gratis” por intentar “persuadirle”.
-Ya veo que no me quieres ayudar.
-No es eso, hombre, digo … Charli. No te pongas así, anda. Ya se me ocurrirá algo. Pero nada de “persuasión”, ¿entendido?
-Bueno, va. Pero me tienes que sacar de este embrollo. Vamos a tomar un irlandés al Ateneo.
-Sus ordenes.

Al salir de la cafetería del Ateneo me subí dando una vuelta hasta Antón Martín. Fui a sacar algo a un cajero por donde no me pasaba hacía unos meses y me di un susto de muerte: aquello parecía una cola de atracadores. Estaban los camellos del barrio y parte de los yonkis que, por razones de trabajo, me conocían casi todos. Supuse que los directores de las sucursales de la zona estarían frotándose las manos por el nuevo “nicho empresarial” aparecido como por arte de magia y explotado con estricta y acogedora “mentalidad profesional”.

-¿Pasa, tron? ¿A sacar unos bonis, no? Pasa, pasa, que te dejamos.
-No, no, Cheroky, no, de eso nada. Yo ya me iba, tron. He pasado sólo … a saludaros, ¿vale? Y ya veo que estáis dabuten. Bueno, agur, ¿eh?
-(¿A saludarnos?, ¡qué detalle!). Adiós, tron. Tú te lo pierdes. Ten cuidadito. ¡Juah, juah, juah!
-(¡No te jode, que pase!, ¡ni que fuera gilipollas!).

Pero aquello me dio una idea para abordar a los matones que molestaban a Charli. Eché mis redes, llamé a mis contactos y conseguí una cita con el antiguo compañero de colegio que extorsionaba a Charli por enredar en la Web 2.0. Cuando supe el sitio y conseguí localizar dónde iríamos después, hablé con mis “fontaneros” y les pedí un trabajito altamente cualificado. Desde luego pagaría Charli. Preparé un escrito, quedé con Emiliano y el martes por la noche fuimos a la plaza. Allí estaba Lanún, como se hacía llamar el tipo, rodeado por cuatro gorilas. Nos hicieron dar unas vueltas de mosqueo y llegamos a su local supuestamente secreto. Por el camino nos cruzamos con el jefe de los fonta, que me hizo una seña disimulada y eso me tranquilizó porque nos jugábamos la piel en el lance. Abrió uno de los matones y nos hicieron pasar primero. Eso podía dar al traste con todo el plan. Así que, frente a la segunda puerta, me hice el propósito de no cruzarla antes, así me acribillaran.

-Pasa, pasa – dijo Lanún.
-Después de usted – contesté cortésmente.
-De eso nada, pardillo. Entra ahora mismo, te digo.
-Por nada del mundo, don Ludecio. Sería lo último que hiciera.

Hubo un silencio denso y casi macabro que se podía cortar con un cuchillo. Aquél hampón de tres al cuarto me taladraba con su mirada y se iniciaron gestos que presagiaban un verdadero baño de sangre. Pero al final cedió, puso la mano izquierda en el pomo de la puerta, giró y empujó.
Entonces todo fue muy rápido, porque nada más tocar el pomo, se produjeron unas chispas y Ludecio se convulsionó espasmódicamente en todas direcciones, lo que me permitió golpearle el brazo para que soltara el pomo y cogerle por detrás haciéndole una llave mientras Emiliano apuntaba a los gorilas con su Mágnum 435.

-Pase, pase – le dije mientras le hacía entrar en su despacho – Ahora me va a firmar este documento en el que reconoce haber amenazado y extorsionado a mi cliente y que renuncia a hacerlo por motivos cívicos en prueba de buena voluntad o de lo contrario él le denunciará. Confidencialmente, tengo que añadir que, como ha podido comprobar, mi cliente está bien “cubierto” y la próxima vez … no habrá próxima vez, capicci?

Asintió con la cara más blanca que un papel en blanco tratando de controlar las convulsiones que aún le sacudían de cuando en cuando, firmó el documento, le puse el sello de su empresa de importación exportación y, con él por delante, salimos Emiliano y yo sin dar la espalda a sus esbirros a los que se les apreciaba muchas ganas de actuar para justificar lo que cobraban. Cuando llegamos al coche en marcha donde nos esperaba el Loco al volante, tiramos a Lanún sobre sus guardaespaldas y salimos pitando.

Sabía que aquello era papel mojado, pero esperaba haberle dado el susto suficiente. Esperé unos días antes de hablar con Charli durante los cuales mi red de colaboradores le seguía discretamente a todas partes y luego fui bajando gradualmente los controles hasta dejarlos en los habituales sin que hubiera movimiento alguno por parte de Lanún y sus secuaces.
En esos días también había localizado a Halien y me había asegurado de que tomaba su medicación y de que estaba más tranquilo. Había hecho averiguaciones sobre el cliente que me hizo seguir al sospechoso que apuñalaron en el callejón de la cervecería Santa Bárbara, me convencí de que lo había mandado matar él a mis espaldas y me enteré de que era amiguito de Miranda. Le llamé al despacho, le dije que dejaba el caso, que era más amplio, me pagó lo que me debía hasta el momento y le advertí que esos métodos no me gustaban y que no quería volver a verle por allí o sabría lo que era tener problemas.
Por fin, quedé a comer con Charli en el reservado del Pereira y le conté, sin muchos detalles, cómo había ido su tema. La comida fue, como siempre, excelente y terminé diciéndole:

-Y, a partir de ahora, estate quietecito y deja en paz esas … “redes sociales” tan de moda: MySpace, FaceBook, LechesEnVinagre, LosTresCerditos, Twitter,  You Tube, MecachisEnLaMar, etc., etc. Se llamen cómo se llamen, ¿de acuerdo? No vuelvas a destapar ninguna “Caja de Pandora”, ¿vale? Ah, y … invítame a un irlandés, anda, que estoy seco.

© Javier Auserd.

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6 comentarios

Dinosaurio -

Gracias, Hannah, eres muy amable conmigo. Estoy en ello y espero que te siga interesando.
Hola Oana. Sí. Por supuesto que eres una luz, pero no ilumines solo a todo el mundo, ilumínate también a ti misma, te lo mereces.
Besos.

olvidare el ayer... -

pues querido amigo,no sé que decir;vi tu comentario y,¡¡¡es lo más bonito que he leido en todo este tiempo,dentro del mundo blooger!
jijijiji somos como la luna y el sol,cuando yo vengo te vas tu y cuando vienes tú me voy yo;
esto de 80 veces me sueña a Victor Hugo :=))))))))))
y la foto del enlance,bufff,ahora dire algo que suena a creida:¿soy como una luz en medio de la obscuridad? jijiji me he pasado con esto ¿verdad?,pero es que tenía que decirlo,porque sino comenzaba comerme las uñas de curiosidadjijiji(es broma no acostumbro comerme las uñas).
te deseo un finde lindo querido amigo.

Hannah -

aguardo impaciente el capítulo tres... Porque ¿continuará, no? ¡Me has impresionado aún más que con el primer capítulo, Javier.
Un abrazo entrañable.
Hannah

Dinosaurio -

Trini, no te asustes, ya sabes que es una parodia con moralina. Me alegra de que te guste. Me ha hecho gracia lo de Torrente. ¡Ja, ja, ja, ja! De todos modos intentaré que no resulte tan cutre, aunque sí algo esperpéntico.
Oana, cariño, yo también te deseo feliz año y te lo habría deseado antes si tuvieras un blog más "accesible". Sabes que tengo debilidad por ti (no tienes más que ver el logo que te he puesto), pero ¿no habría forma de que te "asentaras" un poquito?, ¿eh? Lo digo porque yo soy muy lento y cuando quiero ir tu has ido y vuelto ochenta veces (es broma ;)).

olvidare el ayer... -

de una cosa estoy segura:que estas redes pueden ser como la "caja de Pandora" :=))))
Feliz Año Nuevo querido amigo.
un abrazo con cariño.

Trini -

Ay, Javier, que me has asustado hijo, que juro que desde este instánte, no entro en ninguna de esas redes que des-recomiendas:):):):)
Me gusta esta historia de detectives entre Mike Hammer y Torrente, que te has inventado.

Un abrazo
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